En los boxes de las distintas competiciones ya no basta con llevar un casco tope de gama. Desde esta temporada, cualquier piloto que compita en campeonatos bajo paraguas FIM tendrá que hacerlo con casco homologado FIM 2, la evolución del anterior estándar FIM 1 que se utilizaba en MotoGP desde 2019 y en el resto de disciplinas de circuito poco después. Lo sabíamos porque ha traído una serie de problemas como en el Dakar, o en el WSBK a un mes de empezar, no todos contaban con ello... Y claro, es obligatorio.
La diferencia no es cosmética; FIM 2 nace tras varios años de análisis de accidentes y datos médicos. El diagnóstico es claro: el impacto frontal puro no es lo más dañino para el cerebro. Lo realmente peligroso es la rotación, ese giro violento que hace que el tejido cerebral sufra torsiones internas, y es por ello que el nuevo reglamento pone el foco ahí.
Una de los principales cambios es que las pruebas ya no son las mismas. Ahora se introducen yunques esféricos además de los planos tradicionales para simular mejor el contacto contra elementos reales del entorno, de tal forma que se mide con mayor precisión la aceleración rotacional y se establecen tres criterios claros: resistencia a fractura de cráneo, resistencia a lesión cerebral y pico máximo de aceleración rotacional. Ya no se trata solo de absorber energía, sino de cómo la gestiona el casco cuando el golpe no es limpio.
También se endurecen los límites. En algunos casos, la fuerza máxima transmitida a la cabeza baja de menos de 208g a menos de 170g, y claro, los impactos se realizan a mayor velocidad y en 17 puntos aleatorios del casco, buscando reproducir situaciones menos previsibles, más parecidas a una caída real en pista.
Hay más cambios. Nuevo ensayo específico para la mentonera, pruebas sobre la rapidez con la que se pueden extraer las carrilleras en caso de emergencia y requisitos más estrictos para el cierre de la pantalla, que ahora debe permanecer bloqueada bajo diferentes escenarios de impacto. Incluso el abrasivo utilizado para simular el asfalto cambia: de un P80 se pasa a un P40 más agresivo, buscando una fricción más cercana a la realidad.
Otro detalle importante es el código QR que incorpora cada casco FIM 2, porque sí, cada casco tendrá que venir con un código QR adherido a él y no es una simple pegatina. Con ese QR se permite registrar el casco en la base de datos de la federación y vincularlo al piloto. Si hay una caída, ese casco se marca como “crashed” y queda automáticamente fuera de uso en competición FIM. Además, los datos recogidos servirán para cruzar información entre daños en el casco y posibles lesiones, alimentando futuras mejoras en seguridad.
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A día de hoy (15 de febrero) ya hay casi una treintena de modelos homologados entre circuito y off-road, y la lista seguirá creciendo durante el año. Para el usuario de carretera, nada cambia de forma inmediata si ya utiliza un casco con homologación ECE 22.06. Pero en el paddock la transición ya es obligatoria. Pero lo que es probable es que algunos de estos cambios se acaben materializando para alguna futura homologación para cascos de calle.

