
A menos de un mes de que arranque el campeonato de WorldSBK en Phillip Island, la nueva normativa de cascos se ha convertido en un quebradero de cabeza para pilotos, equipos y fabricantes. A día de hoy, solo nueve marcas han logrado la homologación FRHPhe-02, conocida popularmente como FIM2, que será obligatoria esta temporada en los campeonatos mundiales bajo el paraguas de la FIM.
El dato es preocupante por dos motivos. El primero, evidente: muchas de las marcas más habituales en los boxes aún no aparecen en la lista oficial del Programa de Homologación de Carreras FIM. El segundo, más delicado, es el factor tiempo. Los fabricantes tienen como fecha límite mediados de febrero para suministrar cascos homologados a los pilotos que disputarán la primera ronda tanto de WorldSBK como de WorldSSP. Si alguno de los modelos pendientes no supera las pruebas de laboratorio, el proceso se alargará semanas o incluso meses.
La homologación FRHPhe-02 va bastante más allá de la ECE 22.06 que usamos en carretera. Incluye ensayos adicionales de impacto, pruebas de rotación y criterios de absorción de energía mucho más estrictos. Además, una vez que un casco obtiene el visto bueno, el fabricante se compromete contractualmente a no modificar ni un solo elemento del modelo homologado. No hay margen para ajustes de última hora.
Esto está generando situaciones límite. Hay pilotos con contratos de patrocinio firmados que, a día de hoy, no tienen garantizado un casco legal para competir. Y el problema no se soluciona comprando otro modelo en el mercado, porque el número de cascos con etiqueta FIM2 disponibles es muy reducido. De hecho, algunas marcas que aún no han pasado las pruebas están intentando adquirir cascos ya homologados de fabricantes rivales para salir del paso.
A todo esto se suma un factor técnico que hasta ahora había pasado más desapercibido: las tallas. La FIM2 no homologa un modelo completo, sino cada talla de manera individual. Cada fabricante decide cuántas tallas somete a ensayo, con el consiguiente aumento de costes. El resultado es que hay marcas que solo tienen una o dos tallas homologadas. En teoría, un piloto no puede usar una talla distinta a la que figura en la homologación, aunque el casco sea el mismo modelo.
Hasta ahora este control no se aplicaba de forma estricta. Los oficiales verificaban que el casco estuviera homologado, pero no comprobaban si la talla concreta coincidía con la certificada. Con la entrada en vigor de la FRHPhe-02, este punto está sobre la mesa y puede convertirse en otro foco de conflicto en los primeros grandes eventos del año.
Lo ocurrido recientemente en el Rally Dakar es un buen aviso de lo que puede pasar en Superbike. Allí, la obligatoriedad de la FIM2 pilló a muchos pilotos sin casco legal a pocas semanas del inicio del rally. La reacción de LS2, activando una producción exprés de su modelo X-Force ya homologado, permitió salvar la participación de decenas de inscritos. En WorldSBK, donde los plazos son igual de ajustados y la presión mediática mayor, no todas las marcas parecen estar en disposición de reaccionar así.
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Con Phillip Island en el horizonte, la pregunta ya no es solo quién será competitivo en pista, sino quién llegará con el casco correcto bajo el brazo. Porque en 2026, sin etiqueta FIM2, directamente no se corre.

