Las motos son, ahora mismo y con los números en la mano, el vehículo con mayor porcentaje de defectos graves detectados en la inspección técnica en España. Así lo advierte la Asociación Española de Entidades Colaboradoras de la Administración en la ITV (AECA-ITV), que pone cifras encima de la mesa: casi el 59% de los defectos detectados en motos el año pasado fueron calificados como graves. Y repetimos: es el porcentaje más alto entre todos los tipos de vehículos.
Las cifras, si acaso, se acompañan de un contexto que podría ayudar a entender algo más la situación: 2025 cerró con 304 motoristas fallecidos en carretera, la cifra más alta de la última década. El debate suele centrarse en la velocidad, el tipo de rodaje, las distracciones o el estado de las vías convencionales (donde se concentran la mayoría de los accidentes mortales, todo sea dicho), pero el estado técnico de la moto vuelve a entrar en la conversación.
La lista de casuísticas por la que esto es importante es larguísima: porque en una moto no hay carrocería que amortigüe errores ni caídas; un neumático en mal estado no es solo una falta leve; una frenada desequilibrada no es un simple tirón; una suspensión fatigada o una iluminación deficiente pueden convertirse en el detalle que cambia el desenlace en una curva o en una frenada de emergencia. Es cierto que en coche, ese margen todavía es mayor, pero en moto, el círculo es demasiado estrecho.
Desde AECA-ITV lo explican con claridad: "La moto es un vehículo especialmente sensible a cualquier deficiencia técnica. Un defecto en neumáticos, frenos, suspensión o alumbrado tiene un impacto directo y mucho más severo en la seguridad del conductor que el de otro tipo de vehículo. De ahí la necesidad de que este tenga la ITV al día y, por lo tanto, cumpla con las condiciones de seguridad y protección del medio ambiente", señala Guillermo Magaz, director gerente de la asociación.
El mensaje no apunta solo al papel de la inspección, sino al mantenimiento cotidiano. En los últimos años el parque de motos ha crecido de forma notable, impulsado por la movilidad urbana y el reparto. Más motos circulando significa más exposición al riesgo. Y, si parte de ellas arrastra defectos graves, el problema deja de ser estadístico y pasa a ser estructural.
Como revelamos hace un tiempo en este artículo, los técnicos de las estaciones lo ven a diario: neumáticos con el dibujo al límite, kits de transmisión en mal estado, luces que no funcionan correctamente o modificaciones mal ejecutadas que afectan a la estabilidad. No son casos aislados ni motos abandonadas durante años; muchas veces son vehículos que ruedan a diario y cuyos propietarios simplemente han ido posponiendo una revisión más profunda.
Desde el sector insisten en que la ITV no debería entenderse como un trámite incómodo que hay que pasar cada cierto tiempo, sino como una herramienta preventiva. Detectar a tiempo un problema en frenos, neumáticos o dirección puede evitar algo mucho más serio después.
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Todo esto en un contexto en el que Europa quiere ITV para todas las motos. ¿El problema? Acaban de descubrir que no vale para mucho. 19 eurodiputados de diez países distintos han presentado enmiendas para frenar la propuesta de la Comisión Europea que busca imponer estas ITV. Pero FEMA lleva tiempo defendiendo que la ITV no es una herramienta eficaz para reducir la siniestralidad en moto, y respalda esa posición con datos que la propia Comisión conoce bien: los accidentes provocados por fallos mecánicos representan solo entre el 1 % y el 3 % del total. Un porcentaje residual que, según la federación, no justifica una medida homogénea para todos los Estados miembros.

