
Iker Lecuona ha vuelto a abrir el cajón de los recuerdos de su etapa en MotoGP y lo que ha salido de ahí no deja en muy buen lugar a la marca con la que debutó. El piloto valenciano, que ahora compite en Superbike con Ducati tras un paso fugaz y eléctrico por la categoría reina, ha soltado lastre sobre cómo se gestionó su adiós al equipo Tech3. Fue una etapa de mucho aprendizaje, pero también de una presión que terminó pasándole factura en lo personal y en lo físico.
Su llegada al Mundial fue un visto y no visto. Con solo 20 años se subió a la KTM RC16, saltándose casi todos los pasos lógicos de aprendizaje. En 2021, su último año allí, el ambiente en el garaje era de todo menos tranquilo. Iker no tenía futuro asegurado y veía cómo el resto de pilotos ya habían firmado sus contratos para la temporada siguiente. "El segundo año tengo que decir que sabiendo que todo el mundo tenía contratos cerrados, yo no tenía contrato, o sea, se me terminaba el contrato y todo el mundo tenía contrato hasta el 2022 cerrado, entonces claro, a mí me pillaban una transición de 'o firmo o me voy a la calle', ¿sabes?", explica el piloto durante una charla reciente en el podcast Fast & Curious.
Aquella incertidumbre le afectó más de lo que parecía desde fuera. Iker confiesa que lo pasó realmente mal, llegando a sufrir de nuevo problemas físicos que se mezclaron con un bajón anímico importante. "Sufrí porque me entró otra vez el síndrome compartimental después de haberme operado ya por segunda vez. O sea, me operé una tercera vez. Esas primeras cuatro o cinco carreras sufrí pero mucho. No quería subirme a la moto, no quería viajar, no quería entrenar", cuenta con total sinceridad.
En esos meses, el valenciano se encerró en sí mismo. No tenía ganas de ver a sus amigos ni de hacer planes fuera del circuito. Iba a las carreras por compromiso, terminaba y se metía en casa. Además, reconoce que cometió errores personales que complicaron aún más las cosas. "No hacía vida, o sea, entrenaba lo justo. Iba a las carreras, terminaba, me iba a mi casa y me encerraba. Esa era mi vida en ese momento", asegura sobre una época que prefiere dejar atrás.
Pero si hay un momento que Iker tiene grabado a fuego es el día que se enteró de que lo echaban. No hubo reuniones privadas ni llamadas previas de los jefes. Se enteró mirando las pantallas de tiempos del box en pleno Gran Premio. "Me enteré oficialmente de que mi compañero Danilo y yo no íbamos a seguir en el equipo entre un FP4 y una Q1. No nos íbamos del box porque habían 5 minutos, nos quedábamos y vimos la noticia de que los pilotos oficiales para el próximo año habían salido, ¿no?", recuerda con indignación.
La forma de actuar de KTM le dolió profundamente. Verse fuera del equipo de esa manera, sin previo aviso, le provocó un cabreo monumental justo antes de salir a pista para jugarse la clasificación. "Yo salí con una mala hostia que no te lo puedes ni imaginar. Ahí quería arrancar cabezas. Ahí te lo digo, ¿sabes? a unos cuantos de ahí. Quería que las cabezas rodasen, la verdad", afirma sin cortarse un pelo sobre lo que sintió en aquel momento.

A partir de ahí, algo cambió en su cabeza. Al verse ya sin contrato y con un pie fuera de MotoGP, decidió que ya no le importaba nada más que pasarlo bien en las carreras que le quedaban. Esa sensación de libertad le hizo ir más rápido que nunca. "En cierto modo fue una liberación tan grande que dije 'que les den'. O sea, ahora digo, ya que no tengo nada, voy a disfrutar. Vamos a intentar cambiar el chip y vamos a intentar disfrutar de lo que me quedó de una MotoGP", explica el piloto.
Lecuona también lanza un dardo a la política de fichajes de la marca austriaca, que ha quemado a varios pilotos jóvenes en poco tiempo. Iker saca pecho de sus números frente a los que vinieron después, como Raúl Fernández o Remy Gardner. "A mí me han cogido estos pilotos y me han dicho, 'Enhorabuena por lo que has hecho con esta moto.' Porque yo cogí en menos carreras cogí más puntos que sumando esos dos pilotos el primer año juntos", recalca sobre su rendimiento.
Sobre su futuro en el Mundial de MotoGP, Iker no cierra la puerta del todo, pero tiene muy claro con quién no volvería a trabajar jamás. Su relación con Honda es buena y no descarta regresar con ellos algún día, pero con KTM la historia es muy distinta. "¿Volver a KTM? Siempre he dicho que no, ni a MotoGP. ¿Por qué? Porque no quiero estar rodeado de ese tipo de gente que trata así a un deportista o a una persona", zanja de forma contundente.
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A día de hoy, en este 2026, Lecuona tiene claro que el respeto es fundamental en un deporte tan peligroso. "Yo siempre he dicho que nunca es un adiós, es un hasta luego. Tú no sabes qué va a pasar en un futuro, si tú te cierras una puerta, es aseguro que no vas a volver a tocarla", concluye, dejando una ventana abierta a la categoría reina, pero siempre bajo sus propias condiciones.

