El paso de Toprak Razgatlioglu por Austin dejó una de esas lecturas que van más allá del resultado, porque sí, el turco sumó su primer punto en MotoGP, pero el sabor fue bastante agridulce viendo dónde está realmente Yamaha ahora mismo.
El piloto del Pramac arrancaba desde la 17ª posición y el inicio no ayudó precisamente a maquillar el fin de semana: en la primera vuelta se vio arrastrado hasta el puesto 21, obligado a remar desde atrás en un grupo donde adelantar no es precisamente sencillo en el Circuito de las Américas. Aun así, poco a poco fue encontrando su sitio, primero superando a su compañero Jack Miller y más adelante dejando atrás a un nombre de peso como Fabio Quartararo.
Ese empuje le permitió cruzar meta en 15ª posición, suficiente para estrenar su casillero en la categoría reina, además con el añadido de haber terminado por delante de pilotos como el propio Quartararo o Alex Rins. Pero ni por esas salió satisfecho: “No estoy del todo contento. Vale, comparado con las otras Yamaha hemos hecho un buen trabajo, pero hemos terminado a más de 25 segundos. Eso no es bueno”, reconocía con bastante claridad, dejando entrever que el problema va mucho más allá de una simple adaptación.
Y es que el arranque de carrera ya le dejó sensaciones raras: “Intenté adelantar a Fabio al principio, pero en la curva 12 era muy fuerte. No entendía cómo podía frenar tan tarde. Mi rueda delantera bloqueaba siempre y no podía retrasar más la frenada porque la moto no deceleraba bien”.
Cuando el neumático de Quartararo empezó a caer, Toprak vio su oportunidad y ahí sí pudo cambiar el guion: “Cuando le pasé intenté encontrar mi ritmo y no fue mal”. Pero el desgaste físico y técnico acabó pasando factura en una pista tan exigente como Austin. De hecho, dejó una de las frases más llamativas del fin de semana: “Después de 12 o 14 vueltas, la moto se siente como una Goldwing… se vuelve pesada”. Una comparación que explica bastante bien dónde está el límite actual de la Yamaha en condiciones de carrera.
Pese a todo, el aprendizaje fue importante: “He aprendido mucho, rodé muchas vueltas detrás de Fabio y entendí cosas”. Eso sí, ni siquiera ser el mejor piloto de Yamaha en meta le sirve de consuelo: “Terminé delante, pero todos estábamos al final del grupo… y eso no es bonito”.
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Con la vista puesta en Jerez, el turco mantiene los pies en el suelo y no se vende humo: “Yamaha está empujando muy fuerte, pero no sabemos cuándo llegarán las mejoras. Puede ser a mitad de temporada, a final de año o incluso el próximo”. Y ahí está ahora mismo la clave de todo, porque más allá del primer punto, la sensación es que Razgatlioglu ya ha entendido perfectamente el reto que tiene delante… y no es precisamente pequeño.

