
Todo tiene un final, incluso para las leyendas del calibre de Jonathan Rea. El de Larne puso fecha de caducidad a su carrera deportiva profesional aprovechando la última ronda del año celebrada en Jerez. Los dos últimos cursos vestido de azul Yamaha y las lesiones han pesado demasiado, empujándole a cerrar el chiringuito.
La aventura con Yamaha, iniciada con la esperanza de buscar un último baile triunfal, se tradujo en dos temporadas extremadamente complejas para el caníbal de SBK, un periodo donde la química con la R1 nunca terminó de fluir como se esperaba. Las estadísticas son frías pero contundentes: tras sumar 119 victorias a lo largo de su trayectoria, su paso por la marca de los diapasones se ha saldado con un bagaje de apenas un podio y una pole.
Esa falta de resultados, sumada a las lesiones, precipitó una decisión que Rea veía venir, aunque no por ello le asustaba menos. El proceso mental hasta aceptar que su etapa como piloto a tiempo completo había terminado fue angustioso. El propio Jonathan lo describió así durante la rueda de prensa en el trazado andaluz: "En realidad, sentí que esta decisión se acercaba bastante rápido; me sentía como un personaje en un juego que iba a morir".
El miedo a perder la identidad es algo común en los deportistas de élite, y Rea no es inmune a ello. Durante meses, la incertidumbre sobre quién sería él sin una moto de carreras entre las piernas le quitó el sueño. "Estaba bastante preocupado y triste por eso, pero me di cuenta de que ese personaje seguirá vivo, pero en un juego diferente", explicó ante los micrófonos.
Más allá de lo psicológico, el cuerpo también ha dicho basta. El motociclismo es un deporte cruel que pasa factura, y los dos últimos años han sido un recordatorio constante de su fragilidad física. Las visitas a la enfermería y las recuperaciones han pesado más en la balanza que la ilusión por seguir dando gas. Rea reconoció esa dualidad de amor y dolor hacia el campeonato: "Gracias a Superbike, me han dado mucho en mi carrera, pero también te quita mucho".
El hexacampeón quiso poner los pies en la tierra sobre lo que implica sobrevivir en este mundo durante casi dos décadas. "Hay muchos momentos difíciles. He perdido amigos, colegas y he soportado mucho tiempo en urgencias y habitaciones de hospital", relató.

Ese historial de sufrimiento y pérdidas es, paradójicamente, lo que le ha permitido dar el paso definitivo con serenidad. Saber que ya no tendrá que exponerse al límite cada fin de semana le ha quitado un peso de encima y, según aseguró, todo ese dolor vivido "hace que la decisión de marcharse sea mucho más fácil".
Ahora toca cambiar el chip. La velocidad dejará paso a la calma y el estrés de la competición será sustituido por la vida doméstica. El piloto de Ballyclare tiene claro su plan inmediato: "Estoy deseando que mi vida llegue a un ritmo mucho más lento, pasar tiempo con mi familia, disfrutando del próximo nuevo desafío".
Leer también: Costaba como 4 Gold Wings y llevaba motor rotativo de Citroën: el mayor fracaso de lujo a subasta
Para cerrar su intervención, Rea quiso mostrar una humildad desbordante, recordando que el talento no sirve de nada sin una maquinaria detrás. Agradeció a todos los técnicos que le han acompañado desde sus inicios en Honda, su época dorada en Kawasaki y este final en Yamaha. "Simplemente otro chico rápido en una moto de motocross o una motocicleta", así se definió a sí mismo si no hubiera tenido el apoyo del campeonato. Su despedida fue simple y directa: "Muchas gracias, habéis hecho realidad todos mis sueños".

