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Este casco a lo Ironman revolucionó Instagram. Pero si te caes, solo se abre desatornillándolo

Publicado el 04/01/2026 en Actualidad del sector

El casco plegable más viral del momento también es, probablemente, el que peor encaja en un escenario real de accidente. Y no es una opinión: es lo que se desprende directamente de cómo el propio fabricante explica que debe retirarse en caso de emergencia.

Hablamos del Roof Djagger, un prototipo presentado en el último EICMA que ha circulado como la pólvora en redes por su estética futurista y su sistema mecanizado de apertura con el que todo el mundo se quedó flipando. Un casco sin correa de barbilla tradicional, con una placa trasera motorizada que se despliega y envuelve la cabeza para lograr, en teoría, un ajuste perfecto. Sobre el papel suena rompedor. En la práctica, plantea un problema serio.

Ante una pregunta en Instagram sobre cómo actuaría un equipo de emergencias médicas tras un accidente, la propia Roof respondió que basta con retirar los tornillos situados a ambos lados de la calota lateral para que la parte frontal pueda bascular hacia arriba, dejando cara y vías respiratorias completamente expuestas mientras la cabeza y el cuello permanecen apoyados en la parte trasera del casco. Según la marca, el proceso sería rápido y no ejercería presión sobre el cuello del usuario.

El problema es evidente. La inmensa mayoría de cascos homologados actuales incorporan sistemas de extracción rápida pensados específicamente para emergencias: una simple anilla, claramente señalizada, que permite liberar la sujeción en segundos. No requiere herramientas, no requiere explicaciones, no requiere que el motorista esté consciente. Funciona porque es simple.

En el caso del Djagger, hablamos de tornillos. Tornillos que hay que localizar, aflojar y retirar a mano; es decir, que no lo hace el casco automáticamente ni mucho menos pulsando un botón (como seguramente cabría esperar). Tornillos que obligan a que el personal sanitario disponga de la herramienta adecuada y, además, sepa que ese casco en concreto no tiene correa de barbilla ni sistema de liberación convencional. En una intervención real, con prisas, tensión y segundos que cuentan, añadir ese nivel de complejidad no es una anécdota: es un riesgo.

A eso se suma otro detalle no menor. Si el motorista está inconsciente o desorientado tras el impacto, no puede explicar cómo funciona su casco. Nadie va a ponerse a buscar instrucciones ni a preguntar si hace falta un destornillador concreto mientras se evalúa un posible daño cervical.

La idea de un casco motorizado, de ajuste automático y sin tallas puede parecer atractiva desde el punto de vista del diseño, pero ignora una realidad básica: las cabezas no son iguales, ni en tamaño, ni en forma, ni en condiciones de uso. Y, sobre todo, los cascos no están pensados solo para cuando todo va bien, sino para cuando todo va mal. Literalmente, además.

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La innovación es necesaria en el mundo de la moto, pero hay elementos que funcionan precisamente porque no han cambiado demasiado en décadas. Los sistemas de extracción rápida existen por una razón muy concreta y han salvado vidas. Complicarlos contornillería, realmente, no los hace mejores.

Tags: casco, seguridad, moto.


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