Francia ha endurecido de forma significativa su legislación contra los excesos de velocidad más graves. Desde el 29 de diciembre de 2025, superar el límite de velocidad en 50 km/h o más deja de considerarse una simple infracción administrativa y pasa a tipificarse como delito penal, con posibilidad de penas de prisión. La medida forma parte de la reforma del Código de Circulación francés y se enmarca en una estrategia gubernamental más amplia contra lo que las autoridades denominan "violencia vial".
Con la nueva normativa en vigor, cualquier conductor sorprendido circulando al menos 50 km/h por encima del límite permitido se enfrenta a penas de hasta tres meses de prisión, multas que pueden alcanzar los 3.750 euros y la anotación del delito en el registro de antecedentes penales. Este último punto puede tener consecuencias futuras en ámbitos como el acceso a determinados empleos o la posibilidad de viajar a otros países.
Hasta ahora, este tipo de exceso de velocidad se sancionaba con una multa administrativa de hasta 1.500 euros y la retirada de puntos del carné de conducir, salvo en casos de reincidencia, donde ya podían aplicarse medidas más severas. Con la reforma, Francia eleva notablemente el nivel de castigo incluso para la primera infracción de este tipo.
A estas penas principales se suman otras sanciones adicionales que ya estaban contempladas para infracciones consideradas muy graves. Entre ellas se incluye la posible confiscación del vehículo utilizado para cometer el exceso de velocidad, la suspensión del permiso de conducir por un periodo de hasta tres años, la prohibición de solicitar un nuevo permiso durante ese mismo plazo en caso de retirada, y la pérdida de seis puntos del carné.
El Gobierno francés justifica el endurecimiento de la ley apoyándose en los datos oficiales de siniestralidad y control de tráfico. Según las cifras facilitadas por las autoridades, durante 2024 se registraron más de 63.000 casos de conductores que superaron el límite de velocidad en al menos 50 km/h, lo que supone un incremento aproximado del 69 % respecto a los datos de 2017. Para el Ejecutivo, este tipo de conductas ya no puede tratarse como una infracción menor, sino como un comportamiento que pone en riesgo de forma directa la vida de otros usuarios de la vía.
Con esta reforma, Francia pasa a situarse entre los países europeos con una de las posturas más estrictas frente al exceso de velocidad grave, como España, sin ir más lejos, donde también es delito penal. En otros estados del entorno europeo ya existen sanciones especialmente duras para determinados supuestos, aunque el enfoque y los umbrales varían en función del país y del tipo de vía.
El endurecimiento de las sanciones por velocidad se suma a otras iniciativas adoptadas en los últimos años por las autoridades francesas en materia de seguridad vial, como el aumento de las penas por conducir bajo los efectos del alcohol o las drogas, la introducción de nuevos requisitos técnicos y sistemas de seguridad obligatorios, y el refuerzo de las sanciones para distintas infracciones consideradas de alto riesgo.
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La nueva normativa se aplica a todas las carreteras del país y afecta por igual a turismos, motos y otros vehículos a motor.

