
A todos nos gusta enroscar el puño del gas, pero hay una línea muy fina (y muy roja) entre disfrutar de una ruta y convertir una carretera pública en tu circuito personal poniendo en peligro a todo el que se cruza en tu camino. Anthony Mitchell, un británico de 33 años, decidió no solo cruzar esa línea, sino saltársela haciendo un caballito, y la broma le ha salido muy cara.
La historia parece sacada de una partida del GTA, pero ocurrió en las carreteras de Flintshire, en Gales. Durante la pasada primavera, Mitchell convirtió la carretera costera A548 en su patio de recreo particular. Este sujeto acumuló un historial delictivo que da miedo solo de leerlo: conducción temeraria, obstrucción a la justicia y hasta doce multas de velocidad en tiempo récord.
Lo que hacía Mitchell no era simplemente correr, era jugar al gato y al ratón con las autoridades. Para evitar que le llegaran las recetas a casa, el genio tuvo la brillante idea de circular con matrículas falsas. Así, con total impunidad, las cámaras de tráfico lo cazaron una docena de veces entre abril y mayo. En una zona limitada a 40 mph (unos 64 km/h), el tipo llegó a pasar a 118 mph (casi 190 km/h). Una auténtica locura.
La policía, harta de ver cómo este motorista fantasma se burlaba de la ley día sí y día también, decidió que ya era hora de cortarle el gas y preparó un operativo especial en la localidad de Mostyn.
El 16 de mayo, los agentes le esperaban con una trampa: desplegaron los famosos stingers (bandas de clavos) para reventarle los neumáticos y detenerlo. ¿Qué hizo nuestro protagonista? Lejos de detenerse, se saltó un semáforo en rojo y, al ver el percal, dio media vuelta en plena carretera. Para esquivar un segundo dispositivo de bloqueo, no dudó en subirse a la acera y huir campo a través, protagonizando una fuga que dejó a los agentes con un palmo de narices momentáneo.
La huida, sin embargo, fue corta. Tras abandonar su moto en el cobertizo de un camping cercano para intentar despistar, la presión pudo con él y acabó entregándose en comisaría al día siguiente. Ya ante el tribunal, su defensa intentó jugar la carta médica, alegando que Mitchell sufría un TDAH no diagnosticado y que su cerebro, falto de dopamina, le pedía a gritos asumir riesgos para sentirse estimulado.

Anthony Mitchell
El juez no compró la excusa de la "búsqueda de estimulación" como justificación para casi matar a alguien. Sus palabras en la sentencia fueron tan duras como necesarias. "Uno se estremece al pensar si un niño hubiera salido corriendo delante de usted", le espetó el magistrado, para añadir: "O si un conductor anciano hubiera salido de un cruce. Probablemente se habría matado usted, y ciertamente a un peatón".
El resultado final es una temporada a la sombra: 21 meses de prisión efectiva. Y ojo, porque cuando salga no va a poder tocar una moto en una buena temporada. Le han retirado el carnet por 46 meses y, si quiere volver a conducir algún día, tendrá que pasar un examen extendido mucho más exigente que el habitual.
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Para que veáis que la realidad supera a la ficción, aquí tenéis el vídeo grabado por el dron de la policía. Atentos a la maniobra de evasión y al caballito que se marca al final, digno de una película de A Todo Gas:

