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- En el Repsol Honda no existía el trabajo en equipo; solo importaba quién era el más rápido.
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- Pedrosa admite que el método de Márquez de ir al 100% y caerse era impensable para su físico.
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- Márquez tardó tres años en liderar el desarrollo de la moto debido a su inexperiencia.
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El paso de los años suele poner las cosas en su sitio y, sobre todo, nos ayuda a entender por qué pasaron las cosas que vimos por televisión. En 2026, con el mundial de MotoGP en un momento de cambios constantes y con Marc Márquez ahora en las filas del equipo oficial de Ducati, mirar atrás a la época de Honda resulta casi terapéutico. Aquellos años entre 2013 y 2018, donde Marc y Dani Pedrosa compartieron el garaje del Repsol Honda, marcaron una época que difícilmente volveremos a ver por la superioridad que demostraron.
Fue una etapa de dominio absoluto. Ganaron casi todas las Triples Coronas posibles, llevándose el mundial de pilotos, el de equipos y el de marcas de una tacada. Pero detrás de esos trofeos había una realidad que Dani Pedrosa ha querido explicar ahora de forma muy clara.
En una charla reciente en el podcast Fast & Curious, el mítico corredor catalán ha recordado cómo era convivir con un fenómeno como Márquez y cómo el ambiente en Honda no tenía nada que ver con el compañerismo que se vende hoy en día en otras fábricas.
En Honda no te pedían que ayudaras al de al lado. Dani lo explica sin rodeos. "Cuando Marc llegó al equipo, evidentemente el ambiente era muy fuerte, porque en el equipo Repsol Honda, al menos en esa época, los dos pilotos son como dos equipos. No se trabaja como en equipo, se trabaja a ver quién es el mejor y ya está". Eran dos estructuras independientes bajo un mismo techo peleando por los mismos recursos.
Esa filosofía de trabajo es muy diferente a lo que vemos ahora en marcas como Aprilia o Ducati, donde parece que hay más comunicación entre los pilotos para mejorar la moto. En aquella Honda, la competitividad era el motor de todo. Según Dani, "los dos pilotos están soportados con material para que cada uno pueda ser lo mejor que pueda ser, pero no se nos pide 'trabajemos en equipo'". Al final, el que iba más rápido era el que mandaba en el desarrollo y el que recibía más atención de los ingenieros.
La llegada de un novato como Marc Márquez rompió los esquemas de Pedrosa, que tenía un método de trabajo mucho más metódico y prudente. Dani siempre fue un piloto de cristal, alguien que sabía que una caída tonta podía significar pasar por el quirófano y arruinar una temporada. Por eso, su estrategia era siempre ir de menos a más, arriesgando solo lo justo. Marc, en cambio, llegó con una mentalidad de todo o nada que dejó a todo el mundo con la boca abierta.
Pedrosa recuerda perfectamente ese contraste de estilos. "Mi manera de enfocar la carrera era siempre de menos a más, ¿vale? intentar minimizar el riesgo, evidentemente, porque yo cada vez que me caía me hacía daño. Yo no me podía jugar cinco caídas en un fin de semana y luego acabar en el podium. Eso era como impensable para mí".
Lo que más le sorprendió a Dani fue la capacidad de Marc para rodar al límite del desastre sin inmutarse. "Marc lo hacía. Destrozaba cinco motos, pero el domingo o ganaba la carrera o estaba segundo o tercero. Entonces yo lo que digamos lo que aprendí de él es esa manera diferente de ver el fin de semana".

La jerarquía en el box cambió de forma natural, pero no fue un proceso de un día para otro. Al principio, Márquez era muy joven y no tenía la experiencia necesaria para guiar a los ingenieros en la evolución de un prototipo tan complejo. Durante los dos o tres primeros años, Pedrosa seguía teniendo mucha voz en el desarrollo de la Honda RC213V. Sin embargo, en cuanto Marc se asentó y empezó a ganar mundiales sin parar, la fábrica japonesa puso todos sus huevos en la misma cesta.
Dani lo acepta con la naturalidad de quien conoce bien este deporte. "Después del primer año que no pude ganar y ganó él, pues entonces ahí el equipo ya mira un poco más al piloto ganador. Y es lógico. Entonces, después la evolución de la moto y todo eso va un poco siempre más por petición del piloto que va más rápido". Al final, las marcas buscan resultados y, si un piloto gana, es normal que se le den las llaves del proyecto.
Ese proceso de transferencia de poder técnico ocurrió de forma gradual. Marc fue ganando confianza y peso en las decisiones importantes a medida que sumaba experiencia. "Eso no fue inmediato, porque de esa parte Marc también reconocía su inexperiencia con la evolución de la moto, era muy neutro en esos primeros dos o tres años. Yo pude seguir desarrollando la moto y teniendo bueno un peso en algunas de las decisiones. Pero sí que es verdad que una vez pasado esos tres o cuatro años, entonces sí que Marc, que seguía ganando, sí que tuvo más más peso y ya con más experiencia, pues él decidía un poco más qué piezas eran las que las que le iban bien a él", comenta Dani.
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Pero el final de la historia ya lo conocemos: la Honda acabó convirtiéndose en una moto que solo Marc era capaz de domar.

