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- El Proyecto 407 alcanza los 104 CV de potencia, superando cualquier límite previo en una Vespa.
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- Erich Oberpertinger ha dedicado cuatro años y miles de horas para crear esta bestia del 2T.
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- Solo se fabricarán cinco motores exclusivos para coleccionistas con un precio de 10.000 euros.
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Seguro que has visto preparaciones de Vespas de todos los colores, pero lo que ha salido de un pequeño taller en el norte de Italia rompe cualquier esquema que tuvieras en la cabeza. Pese a estar ya en 2026 parece que la tecnología de los dos tiempos todavía tiene mucho que decir, sobre todo cuando cae en manos de gente que no conoce la palabra imposible. Erich Oberpertinger es el nombre del responsable de esta locura mecánica que está dando la vuelta al mundo por un dato que asusta: ha conseguido que una Vespa vieja supere los 100 CV de potencia.
Erich no es el típico ingeniero que ha pasado toda su vida entre planos y ordenadores. De hecho, su camino empezó de una forma muy distinta, entre fogones y recetas. Venía de una familia de hosteleros en el Alto Adige y trabajaba como cocinero, pero la pasión por trastear con los motores de las Vespas le tiraba demasiado.
Al final, en 2017, decidió colgar el delantal y fundó Egig Performance en Chiusa, cerca de Bolzano. Lo que empezó como un pequeño taller se ha convertido en un referente mundial que fabrica unos 130 motores al año para clientes de todos los países.
El Proyecto 407 es la joya de la corona de su catálogo. Durante mucho tiempo, los preparadores de Vespas de chasis pequeño (las famosas Smallframe) se chocaban contra un muro invisible. Parecía que los 70 CV eran el límite máximo porque no había espacio físico para meter más motor en un cuerpo tan estrecho. Pero Erich se propuso saltar esa valla. Le ha llevado más de cuatro años de trabajo y miles de horas de pruebas en el taller hasta dar con la tecla adecuada.
La noticia saltó hace poco en un evento de pruebas en Austria. Cuando subieron la moto al banco de potencia, los presentes no daban crédito a lo que veían las pantallas. La Vespa marcó entre 103 y 104 CV a unas 11.000 vueltas. Para que te hagas una idea, es la misma potencia que tienen muchas motos deportivas actuales de media cilindrada, pero metida en un chasis de chapa que pesa menos que una bici de montaña eléctrica. El empuje es de 75 Nm, una fuerza que te arrancaría los brazos en cualquier semáforo si no tienes cuidado.


¿Cómo se mete tanta mala leche en un motor tan pequeño? El secreto está en un bloque monocilíndrico de dos tiempos diseñado desde cero. Tiene 407 centímetros cúbicos y funciona con refrigeración por aire forzado, como las de toda la vida. Erich ha usado materiales de alta competición, como un cigüeñal con tungsteno y una biela forjada para que nada salga volando por los aires cuando le retuerces el puño. El cárter es algo más ancho que el de una Vespa de 50 cc, pero ha conseguido mantener las medidas internas muy compactas para que encaje en el sitio original.
Uno de los mayores retos ha sido evitar que la moto se parta literalmente por la mitad. Al acelerar con tanta mala uva, el chasis de chapa sufre una torsión brutal. Por eso, Erich ha tenido que fabricar un brazo de refuerzo de aluminio que va en el lado opuesto a la rueda trasera. Sin esa pieza, la rueda trasera y el chasis irían cada uno por su lado.
La alimentación es otro punto donde no han escatimado. Han rescatado dos carburadores de 42 mm que parecen sacados de una 500 de Gran Premio de las antiguas, de las que echaban humo azul y hacían un ruido celestial. Pero quizás lo más llamativo a simple vista es el escape. Es una pieza artesanal que mide casi un metro y medio de largo y que serpentea por la parte trasera de la moto. Han tenido que hacerlo así de largo porque, según sus pruebas, si ponían un escape más corto y recogido, la potencia caía por debajo de esos 100 CV que querían alcanzar sí o sí.
En este vídeo puedes escucharla en el banco de potencia:
En cuanto a las prestaciones, Erich dice que la moto puede llegar a los 200 km/h. Eso sí, hay que coger este dato con pinzas y mucha precaución. La base de la moto es una Vespa de los años setenta, con sus frenitos de tambor y su suspensión delantera que no es precisamente la de una superbike moderna.
Por eso, el propio preparador admite que esa velocidad es más un dato teórico que algo que debas intentar probar en una autopista. Es una moto pensada para exhibiciones y para demostrar hasta dónde puede llegar la técnica.
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Si ya estás pensando en vender tu coche para comprarte una, que sepas que no va a ser fácil. Egig Performance solo va a fabricar una serie súper limitada de cinco motores completos. El precio está a la altura de la exclusividad: unos 10.000 euros por motor. Es mucho dinero por un motor de Vespa, pero es que no hay nada igual en el planeta.

