El paso de Yamaha por Austin dejó algo más que malos resultados; dejó una sensación incómoda dentro del box y, sobre todo, a un Álex Rins completamente desbordado. El catalán no se guardó nada tras un fin de semana para olvidar en el COTA, donde la marca japonesa volvió a evidenciar que atraviesa uno de sus momentos más delicados en MotoGP.
El piloto español terminó último, a más de medio minuto del ganador, en un circuito donde ya sabía lo que era ganar con Honda (satélite, por cierto), pero esta vez la historia fue muy distinta. Desde el viernes, los problemas técnicos marcaron el rumbo de un fin de semana que fue cuesta abajo desde el primer momento.
Rins lo explicó sin rodeos en declaraciones a GP One: “Hemos tenido muchos problemas este fin de semana. El viernes tuvimos problemas electrónicos con ambas motos, lo que me impidió ser más rápido”. Y la situación no mejoró precisamente con el paso de los días: “También los tuvimos el sábado: en la Q1, un pequeño problema con la bomba de combustible nos obligó a salir los últimos en la tanda. Lo di todo, pero aun así me clasifiqué último. No ha sido agradable”.
Pero más allá de los fallos mecánicos, lo que realmente preocupa es el estado anímico del piloto. Porque lo de Austin no fue solo cuestión de rendimiento, sino de sensaciones. Y ahí el discurso se vuelve mucho más duro: “Como pilotos, siempre intentamos dar el 100%, pero a veces, cuando surgen estos problemas, es difícil seguir apretando al máximo. Este fin de semana ha sido bastante duro de gestionar para mí”, reconoció.
El momento más crítico llegó durante la preclasificación, cuando directamente dejó de sentirse competitivo sobre la moto: “En mi segunda salida durante la preclasificación la moto no funcionaba, me salía de la trazada en cada frenada, no conseguía tomar las curvas, cambiar de dirección ni nada, y me sentía inútil sobre la moto. Me dije: ‘¿Qué coño hago aquí?’”.
El propio piloto lo dejó claro: “Hay momentos en los que no me divierto y me preguntaba: ‘Qué estamos haciendo?’”. Y es ahí donde aparece la parte más preocupante del discurso. Porque ya no se trata solo del presente, sino también del futuro. Rins no tiene claro qué pasará con su carrera a corto plazo, y los resultados no están ayudando precisamente a despejar dudas.
“Hace mucho tiempo que no me divierto en la moto”, admitió. “Aparte de eso, no sé si estaré aquí el año que viene. Así que también tengo que encontrar mi sitio, y los resultados que estamos obteniendo desde luego no ayudan”.
Leer también: Los más rápidos también son los que más se caen: así está el mundial de caídas de MotoGP 2026
Mientras tanto, Yamaha intenta sacar conclusiones en medio del caos. El único punto positivo del fin de semana fue el primer punto de Toprak Razgatlıoğlu en MotoGP, pero el dato es engañoso: ver a todas las motos de la marca peleando en las últimas posiciones es una imagen que empieza a repetirse demasiado. Y lo peor no es eso, sino que dentro del box, ya no solo faltan resultados. Empieza a faltar algo más básico: confianza.

