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Guy Martin confiesa su pasado: drogas para trabajar más y cómo el Asperger explica sus obsesiones

Publicado el 23/02/2026 en Road Races

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Guy Martin siempre ha sido un tipo diferente. El que fuera la estrella del TT de la Isla de Man y ahora referente televisivo ha soltado una bomba sobre sus inicios que nadie se esperaba. A sus 44 años, y ya alejado de la competición, el británico ha echado la vista atrás para explicar cómo fueron esos años en los que se dejaba la piel en el taller y en el asfalto.

El carismático piloto de Lincolnshire nunca ha ocultado que lo suyo es la mecánica por encima de la fama. Pero lo que no sabíamos era hasta dónde llegó para financiar su sueño de correr en las Road Races. Martin ha confesado que durante la primera etapa de su carrera deportiva tuvo que recurrir a sustancias para aguantar el ritmo de trabajo brutal que se autoimponía.

En aquellos años, Guy no tenía grandes patrocinadores. Todo el dinero salía de sus manos. "No era muy bueno en el colegio. No me fue muy bien, pero por alguna razón me convencí de que iba a ir a la universidad. Creo que duré un trimestre", explica el piloto en una carta abierta a su 'yo' más joven publicada por Bigg Issue.

Tras dejar los estudios, se refugió en un taller de camiones Volvo: "Me dejaban hacer cualquier cosa: desmontar motores, montar motores, y me encantaba. No podía llegar al trabajo lo suficientemente rápido".

Mantenerse en las carreras urbanas es carísimo y Martin lo aprendió por las malas. Para poder comprar piezas, trabajaba 78 horas a la semana con solo 16 años. Cuando terminaba en el taller de camiones, se iba a los muelles a trabajar tres noches por semana para sumar algo más de caja. Fue ahí donde aparecieron las sustancias para no colapsar. "Solía tomar drogas solo para poder trabajar más", afirma con su habitual franqueza.

Utilizaba una mezcla de efedrina, cafeína y aspirina que le permitía estirar las horas del día de forma artificial. Su razonamiento era tan simple como arriesgado: "Cuanto más corría, más caro era, así que más tenía que trabajar. Así que trabajaba tres noches a la semana en los muelles después de mi trabajo diario. Y solía tomar efedrina, cafeína y aspirina solo para poder trabajar lo suficiente para ganar más dinero para ir a correr en moto. Así era como funcionaba".

A pesar de sus 17 podios en el TT, Martin siempre se sintió un bicho raro. Sus referentes no eran los campeones del mundo, sino los tíos que preparaban los motores. "Mis héroes no eran los pilotos de motos, eran los legendarios preparadores de motores. Un tipo llamado Chris Mayhew, a quien sigo viendo ahora, y Tony Scott y Nicky Kennedy; ellos me interesaron en Phil Irving, quien escribió un libro en la década de 1940 llamado Tuning For Speed", recuerda con admiración.

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Esa forma de ser tan particular tiene una explicación que llegó hace unos años. "Me diagnosticaron Asperger en 2018 y no ha cambiado mi vida ni un poco. Pero lo que sí hace es hacérselo más fácil a otras personas, especialmente a Sharon (su pareja), que ha estado en mi vida todos estos años. Hace que sea más fácil para otras personas entender por qué hago estas cosas estúpidas y por qué tengo todas estas obsesiones", confiesa Guy.

Una de esas obsesiones le llevó a su momento de mayor orgullo: ganar en Pikes Peak en 2014 con una moto fabricada por él mismo. "Si pudiera revivir un día, sería ese día que gané en Pikes Peak. Estaba sentado en la cima de la montaña después de ganar la carrera, y tenía una copia de 'Rebelión en la granja' dentro de mi mono. Así que simplemente terminé ese libro mientras estaba allí arriba, habiendo ganado esta carrera con una moto que había construido en mi cobertizo", recuerda emocionado.

Hoy en día, Guy sigue persiguiendo límites imposibles desde su garaje. Su objetivo actual es superar las 300 millas por hora con una moto convencional. "Llevo seis años en el proyecto y el año pasado tuve un buen avance. Ya he hecho 260,658 millas por hora en una milla desde parado. Pero no es un masaje para el ego, es un experimento científico", explica.

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Aunque le gusta pasar miedo, tiene claro que su motor es la curiosidad: "Me costó dejar de correr hace seis o siete años para darme cuenta de que no era el subidón de las carreras lo que perseguía. Era el subidón de juguetear con cosas mecánicas e intentar entenderlas y hacerlas más rápidas o más eficientes".

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