
Olvida todo lo que sabías sobre los precios de las motos clásicas japonesas, porque esta Honda CB750 de 1968 ha roto todos los esquemas en la última edición de la subasta de Mecum Auctions. Esta unidad experimental, que sirvió de laboratorio antes del lanzamiento oficial del modelo, ha sido la estrella indiscutible de la semana en Las Vegas. Con detalles técnicos únicos y una restauración que ha rozado la perfección, la puja final ha escalado hasta números que habitualmente solo vemos en subastas de prototipos de MotoGP.
Esta unidad es la madre de todas las CB750. No pertenece a la pequeña serie de preproducción que Honda mostró a sus concesionarios en 1969: esta moto es anterior, fabricada a mano en octubre de 1968 y enviada directamente por Soichiro Honda para ser exprimida en pruebas de evaluación.
Si te pones a analizarla de cerca, te das cuenta de que es un rompecabezas de soluciones técnicas que nunca llegaron a la gran serie. Por ejemplo, es la única en todo el planeta que lleva la palabra "HONDA" grabada en la tapa de balancines, en lugar del habitual "OHC 750". Son esos detalles los que hacen que los coleccionistas pierdan la cabeza.
Otra de sus rarezas es el asiento. En lugar de abrirse hacia un lado como en el modelo que llegó a las tiendas, este prototipo utiliza un sistema de bisagras que permite levantarlo hacia atrás. Es una solución que Honda descartó antes de encender las máquinas de la cadena de montaje, lo que convierte a esta moto en un testimonio físico del proceso de ensayo y error de la marca.
Bajo el depósito, la mecánica es igual de exclusiva. Monta unos carburadores Keihin de fundición de arena creados solo para este ejemplar. Lo más loco es que utilizan una sola cuba de combustible para cada dos carburadores y cuentan con una bomba de aceleración, algo que no verías en una CB750 convencional. Es, literalmente, un laboratorio sobre dos ruedas.


El responsable de que esta moto luzca hoy como si acabara de salir del taller de prototipos en Japón es Vic World. Este restaurador californiano la rescató a mediados de los noventa y le dedicó más de dos décadas de trabajo minucioso. Pintada en el mítico Candy Blue-Green, la moto solo tiene 446 millas en su marcador.
Antes de llegar a la subasta, esta joya ya había avisado de su potencial. En el Quail Motorcycle Gathering de 2024 se llevó el premio Best of Show, superando a máquinas europeas que históricamente siempre habían dominado estos certámenes. Fue el primer gran aviso de que estábamos ante una pieza fundamental de la historia del motor.

La subasta de Mecum de este 2026 ha confirmado que las motos que pusieron a Japón en el mapa mundial ya juegan en la primera división del coleccionismo. Durante la puja, se describió esta unidad como "una oportunidad singular de adquirir posiblemente una de las Honda de cuatro cilindros más fundamentales que existen", y el resultado final ha estado a la altura de esa afirmación.
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Finalmente, el martillo cayó y dejó una cifra récord para el motociclismo nipón. Se han pagado 264.890 euros ($313.500 dólares) por esta pieza única. Es un precio que hasta hace poco parecía reservado solo para prototipos de MotoGP o motos de competición tremendamente exclusivas, pero que hoy corona a esta CB750 de 1968 como la reina indiscutible del mercado de motos clásicas.

