La prohibición sigue ahí, pero el ruido alrededor del Nürburgring vuelve a crecer. Y esta vez no es el de los GT3 ni el de los trackdays privados, sino el de los motoristas que llevan un año fuera del Nordschleife, del auténtico 'Infierno Verde' y no están dispuestos a aceptarlo como algo definitivo: quieren que las motos vuelvan a rodar allí.
Desde 2025, hace ahora justo un año, las motos no pueden participar en las sesiones de conducción turística del Infierno Verde. Una decisión tomada por Nürburgring GmbH que, oficialmente, se apoya en motivos de seguridad y en la convivencia entre coches y motocicletas en pista. En la práctica, ha supuesto cerrar la puerta a un colectivo que llevaba décadas formando parte del paisaje del Nordschleife.
Ahora, la pregunta vuelve a la mesa: ¿puede el Nürburgring volver a tener motos? El movimiento tiene nombre y apellidos. Ralf Bollinger, habitual del trazado desde los años '90 y antiguo poseedor de pases anuales, es quien ha impulsado la petición "#SaveTheRingBikes". No como gesto simbólico, sino como primer paso de una estrategia más amplia que incluye acciones legales contra la prohibición.
El punto clave es que, según Bollinger, no se trata solo de una decisión empresarial. El Nordschleife es una carretera privada, sí, pero su uso está regulado por la ley del estado de Renania-Palatinado. Una ley de 2013 que fija de forma bastante clara que el circuito debe garantizar un uso no discriminatorio para el público general, especialmente en lo relativo al automovilismo y motociclismo amateur.
Ahí es donde los motoristas ven la grieta. La empresa operadora argumenta que la mezcla de coches y motos es demasiado peligrosa, citando trayectorias distintas y riesgo elevado para los pilotos de dos ruedas. Bollinger rebate esa idea con un argumento simple: también hay enormes diferencias dinámicas entre coches. Un utilitario y un Porsche GT3 no se comportan igual, ni mucho menos, y aun así conviven en las sesiones turísticas.
También desmonta otro de los pilares del veto: la supuesta acumulación de accidentes entre coches y motos. Según su versión, ese relato está exagerado y no se corresponde con los datos reales. Reconoce el riesgo, especialmente por la presencia de fluidos en pista, pero recuerda que el Nordschleife ha invertido en sistemas de aviso y señalización precisamente para mitigar ese tipo de peligros.
La alternativa de separar coches y motos tampoco le convence. Ni por viabilidad económica ni por seguridad real. Su visión es: las sesiones turísticas no son carreras y la convivencia, con respeto, siempre ha sido parte del ADN del Ring.
Ante la falta de respuesta por parte de Nürburgring GmbH a las propuestas de diálogo, el siguiente paso ya está en marcha. Un bufete de abogados prepara acciones legales para impugnar la exclusión de las motos, apoyándose directamente en el marco legal regional. Para financiar el proceso, se ha abierto una campaña de donaciones y los impulsores están dispuestos a asumir parte del coste de su propio bolsillo.
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El Nordschleife sin motos no es el Nordschleife que muchos conocieron. La batalla no se libra ahora mismo en la pista, sino en despachos, textos legales y tribunales. Si el argumento del uso no discriminatorio prospera, el Infierno Verde podría volver a escuchar motores de dos ruedas en las sesiones turísticas. No será rápido. Tampoco sencillo. Pero, por primera vez desde la prohibición, la puerta ya no está completamente cerrada.

