
El mundo de las motos suele funcionar por códigos de colores muy marcados. Si ves una moto verde, piensas en Kawasaki; si es roja, en Ducati. Y hasta ahora, el naranja era territorio exclusivo de las máquinas austriacas. Pero en este 2026, Suzuki ha decidido romper con lo establecido. La GSX-8R llega a los concesionarios españoles con una nueva opción de color naranja que busca darle un aire mucho más deportivo a su carenado..
Este cambio estético no es una casualidad. La marca japonesa quiere que su deportiva de cilindrada media destaque visualmente en un segmento que está más reñido que nunca. El nuevo tono ya se puede pedir en cualquier punto de venta oficial de la marca. Lo que no cambia es la base de la moto: Suzuki ha mantenido la misma configuración técnica y el equipamiento que ya conocíamos, centrando toda la novedad en el impacto visual.
La GSX-8R se ha ganado a pulso ser una de las motos más equilibradas del mercado actual. Es una deportiva real, de las que se pueden usar todos los días. Si miramos lo que hay debajo de los plásticos, encontramos el ya conocido motor bicilíndrico en paralelo de 776 cc.
Es un motor que destaca por ser muy elástico; tiene fuerza abajo para salir de los semáforos con ganas y estira con mucha progresividad cuando le buscas las cosquillas. El secreto de su sonido y de su tacto está en el cigüeñal a 270 grados, que consigue que el motor se sienta con el carácter típico de los motores en V.
En cuanto a las cifras que interesan, hablamos de 83 CV y un par motor de 78 Nm a 6.800 vueltas. No es una moto que te vaya a asustar por una potencia desmedida, pero corre mucho y gasta muy poco. Con un consumo medio de 4,2 litros a los 100 km, puedes usarla para ir a trabajar a diario y luego escaparte de curvas el fin de semana sin que la cartera sufra demasiado en la gasolinera.
La idea de Suzuki con este modelo siempre ha sido muy clara. "La esencia de la creación de la motocicleta deportiva perfecta para la próxima era reside en el diseño del motor", explican desde la propia fábrica. Por eso diseñaron un motor muy estrecho y compacto, lo que les ha permitido hacer un chasis más ágil y que la moto se sienta ligera entre las piernas cuando tienes que moverla de un lado a otro.

En el apartado electrónico, la GSX-8R viene bien servida. El control de tracción (STCS) tiene cinco niveles de ajuste, además de poder apagarse. La marca afirma que estos niveles sirven para tener una mayor estabilidad, y un control seguro con menos esfuerzo y fatiga. Básicamente, cuanto más alto sea el número que elijas, más rápido intervendrá la moto si detecta que la rueda de atrás empieza a patinar.
Una de las mejores cosas que trae de serie es el cambio rápido bidireccional. Con este sistema puedes olvidarte de usar el embrague para subir o bajar marchas una vez que te has puesto en marcha.
La parte ciclo también cumple con nota. Monta una horquilla invertida SHOWA SFF-BP y unos frenos NISSIN con pinzas de anclaje radial. Los dos discos delanteros de 310 mm junto con el ABS aseguran que la moto se detenga con seguridad y con un tacto muy deportivo en la maneta. Todo este conjunto se mantiene igual en el modelo de 2026, demostrando que si algo funciona, mejor no tocarlo demasiado.
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Por último, el precio sigue siendo el gran reclamo de esta japonesa. Aunque el precio oficial de la GSX-8R es de 10.199 euros, Suzuki mantiene una promoción muy fuerte que deja la moto en 7.999 euros.

