
El garaje de Yamaha en Sepang parece hoy más un búnker que un equipo de carreras. Las persianas están bajadas a cal y canto y el silencio es total. Ni Alex Rins, ni Jack Miller, ni Toprak Razgatlioglu han podido subirse a la moto en toda la mañana de este miércoles. El motivo es un problema técnico que ha obligado a los ingenieros a dar un frenazo en seco para evitar riesgos mayores con su nueva joya: la M1 con motor V4.
Todo viene de lo que pasó ayer martes. Al margen del susto de Fabio Quartararo, que acabó con un dedo roto tras una caída, el francés tuvo un fallo mecánico en su moto que obligó a los técnicos a ponerse a investigar de inmediato. Como no tienen claro qué ha fallado exactamente, han preferido dejar a todos sus pilotos en el hotel o en el box hasta que entiendan qué está pasando.
Max Bartolini, el gurú técnico que Yamaha fichó de Ducati, ha dado la cara para explicar este parón. "Tenemos una idea de cuál podría ser el problema, pero por la seguridad de los pilotos hemos decidido entender qué pasa exactamente antes de que vuelvan a pista. Por eso hemos decidido no rodar hoy y seguir buscando la causa. Ojalá encontremos una solución para poder rodar mañana", ha explicado el italiano.
La situación es bastante compleja porque Yamaha se juega mucho este año. El cambio de motor es el movimiento más importante de la marca en décadas y perder un día entero de test en febrero es un golpe duro. Los ingenieros están en contacto permanente con las fábricas de Japón e Italia, mandando datos y esperando una respuesta que les dé luz verde.
Bartolini tiene claro que saben qué se ha roto, pero no el porqué: "Sabemos cuál es el problema. Lo que tenemos que descubrir es qué lo ha causado. Tenemos una sospecha, pero necesitamos la confirmación de la fábrica".

Para el equipo, este miércoles era el día clave para empezar a trabajar en el ritmo de carrera y en la puesta a punto fina. Ayer se centraron en probar piezas sueltas y por eso no se vieron tiempos rápidos, pero hoy tocaba empezar a apretar. "Por supuesto que sería mejor no tener todos estos problemas y poder aprovechar todo el tiempo en pista", ha reconocido Bartolini. "Nuestro plan era avanzar en la configuración para los pilotos, porque es una moto completamente nueva. El plan para hoy era fijar el paquete para los pilotos, y ahora no podemos hacerlo".
Este contratiempo llega en el peor momento, ya que la temporada 2026 arranca en apenas unas semanas en Tailandia. Si mañana jueves tampoco pueden salir a pista, Yamaha llegará a los siguientes test con los deberes sin hacer y con muchas dudas sobre la fiabilidad del nuevo motor V4. Aun así, el ingeniero italiano intenta no perder los nervios y entiende que esto puede pasar cuando diseñas una moto desde cero.
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"Los pilotos que antes llevaban la antigua M1, salvo Toprak, y nosotros los ingenieros, necesitamos tiempo para adaptarnos a la nueva moto y aprender. Sería un revés si no pudiéramos rodar más aquí, pero todo esto es parte del juego", ha sentenciado Bartolini. De momento, a los mecánicos de Pramac y del equipo oficial solo les queda esperar a que llegue un correo electrónico o una llamada desde Japón que les permita encender los motores.

