Una Ducati Supermono nunca es una moto más. Es una de esas motos que directamente juegan en otra liga, tanto técnica como emocional. Y ahora una de ellas, lejos de cualquier vitrina de museo, está en subasta… Con cifras que ya hacen sudar a cualquiera que se acerque a la banca online.
La protagonista es una Ducati Supermono, considerada desde hace décadas el auténtico “Santo Grial” del motociclismo italiano. No por nostalgia barata, sino por lo que representó: un ejercicio de ingeniería radical llevado hasta el límite para competir en campeonatos monocilíndricos. Ducati solo fabricó 67 unidades entre 1993 y 1997. Ni una más. Ese también es uno de los motivos por la que es tan tan especial.
La Supermono nació con una idea tan simple como salvaje: coger el motor de la Ducati 888 de competición, amputarle un cilindro, redimensionar el otro y añadir un sofisticado sistema de contrapesos para eliminar vibraciones. El resultado fue un monocilíndrico que en sus últimas evoluciones rondaba los 80 CV, con un peso en seco de apenas 121 kilos. Números que, incluso hoy, siguen poniendo las cosas muy serias.
La unidad que ha saltado ahora a subasta es un modelo de 1995, con numeración 21/1995, lo que la sitúa como la número 64 de las 67 fabricadas. Sí, una de las últimas. Su diseño fue supervisado por Pierre Terblanche, que años después firmaría iconos tan discutidos como influyentes dentro de Ducati. Aquí, sin embargo, su trazo es puro nervio de circuito: compacto, afilado y funcional hasta el extremo.
Como moto de carreras auténtica, no hay concesiones. Fibra de carbono por todas partes, llantas Marchesini, suspensiones Öhlins, frenos Brembo, magnesio en componentes clave del motor y el manillar, y un escape Termignoni de competición, sin db-killer ni miramientos. Todo lo que pesa, sobra. Todo lo que frena, acelera o sujeta, es de primer nivel.
Hay además un detalle histórico clave para los auténticos frikis a las motos que eleva aún más su valor simbólico: la Supermono es anterior a la 916 y, de hecho, influyó en ella. Massimo Tamburini tomó ideas del trabajo de Terblanche para dar forma a lo que acabaría siendo una de las motos más influyentes de todos los tiempos. La Supermono no solo corría: marcaba el camino.
Según el anuncio de la subasta, el motor ha sido completamente reconstruido y apenas ha completado 12 vueltas de carrera desde entonces. Antes de ponerse a la venta se le ha realizado una revisión completa de seguridad, sustitución de líquidos de frenos y embrague, ajuste y limpieza de la transmisión, y además monta un cambio rápido Holeshot.
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Y ahora viene el golpe de realidad. La puja ya ha superado los 121.000 dólares y, con la subasta cerrándose este viernes, nadie espera que se quede ahí. No es una cifra inflada por moda: es el precio de una pieza irrepetible, de una Ducati que no se diseñó para vender camisetas ni para posar en salones, sino para ganar carreras con una idea casi obsesiva de la ligereza y la pureza mecánica. Barata no es. Pero cuando se habla de una Supermono, “barata” y “cara” dejan de tener demasiado sentido. Aquí lo que se compra es historia concentrada en un solo cilindro.

