
Ver una 500 de dos tiempos en venta ya es raro, pero encontrar una oficial de fábrica es casi imposible. La subasta de Mecum Actions programada para el próximo 31 de enero en Las Vegas nos trae una sorpresa mayúscula con una Kawasaki que ha despistado a muchos. Aunque el cartel de venta dice que es una réplica, los expertos que han mirado la moto de cerca se han encontrado con una auténtica joya de fábrica escondida a plena vista.
Hablamos de una Kawasaki KR500 de 1982. A simple vista, es la típica máquina verde, roja y amarilla que nos hace pensar en la época dorada de los dos tiempos. El catálogo dice que se construyó modelada sobre la moto de Kork Ballington. Pero si te agachas y miras el bastidor, la historia cambia por completo. Ahí está grabado el número 82-02. Eso significa que es la segunda unidad de carreras fabricada ese año por la marca japonesa.
Para ponerlo en contexto, la moto principal de Ballington era la 82-03. Tener la 82-02 delante y llamarla réplica es casi un insulto. Los papeles que vienen con la moto aclaran bastante el lío. Vienen firmados por George Beale, un coleccionista que sabe un rato de esto, y aseguran que esta unidad fue pilotada por el propio Ballington en su día antes de ser reconstruida para lucir tal y como la ves ahora.
Kork Ballington no es un piloto cualquiera. El sudafricano llegó a Europa y se curtió a base de bien. Le dio a Kawasaki los mundiales de 250 cc y 350 cc a finales de los setenta, cuando el paddock era un lugar mucho más salvaje que ahora. Para 1980, Kawasaki quiso ir a por todas en la clase reina de 500 cc y Ballington fue el elegido para pelear contra las Yamaha y Suzuki que dominaban la parrilla.
La moto que usaron para esa guerra es una locura mecánica. El motor es un cuatro cilindros en cuadro de 498 cc. Básicamente, son dos motores bicilíndricos unidos por engranajes. Lleva válvulas rotativas y escupe 120 CV a 11.000 vueltas. Puede parecer poco hoy en día, pero con la entrega de potencia de un 2 tiempos de competición, hace falta tenerlos bien puestos para llevarla al límite.


La parte ciclo tampoco se queda atrás en rareza. Fue diseñada por Kinuo Hiramatsu y usaba un chasis monocasco de aluminio. Lo peculiar es que el depósito de gasolina estaba integrado en el propio chasis para ahorrar espacio y peso. Era un diseño muy rígido y ligero, pero que convertía la moto en una tabla difícil de entender si no eras un piloto muy fino.
El año 1982 fue clave y triste a la vez. Fue la última temporada de Kawasaki en 500 cc antes de retirarse. La KR500 consiguió un noveno puesto en el mundial con Ballington a los mandos, peleando contra la falta de desarrollo. Donde sí arrasó fue en el Campeonato Británico, ganando seis carreras seguidas y llevándose el título. Esta moto representa ese último esfuerzo de la fábrica antes de bajar la persiana en los Grandes Premios.


Lo normal con estas motos oficiales es que, al terminar la temporada, acabaran en una prensa o guardadas bajo siete llaves en el museo de la marca en Japón. Muy pocas sobrevivieron en manos privadas. El propio Ballington comentó una vez que la suya era probablemente la única que no estaba bajo el control de Kawasaki. Parece que se equivocaba, o que esta unidad ha salido de algún escondite que nadie tenía controlado.
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La subasta es este mismo sábado 31 de enero en Las Vegas. Quien puje por el lote S231 se va a llevar a casa una oportunidad de las que no se ven casi nunca: comprar una supuesta réplica y acabar teniendo en el garaje un pedazo de historia real del motociclismo.

