
El 2026 ha arrancado con fuerza en el garaje del Tech3. Hay aires nuevos con la entrada del grupo inversor de Guenther Steiner y el adiós de la era Poncharal, pero todavía quedan secuelas de un 2025 que fue una auténtica trituradora para Enea Bastianini. El equipo ha querido hacer balance y explicar por qué su piloto estrella se apagó de golpe a mitad de temporada. Y la respuesta tiene nombre y apellido: Alberto Giribuola.
Nicolas Goyon, el team manager, ha sido muy claro sobre lo que supuso perder al jefe de mecánicos a mitad de curso. “El jefe de equipo tiene que ser como un psicólogo”, asegura el francés. Para él, hoy en día no basta con saber de settings y electrónica: “Tiene que ayudar al piloto, tiene que empujarlo en los momentos difíciles”. Y eso es justo lo que le faltó a Enea cuando más lo necesitaba.
La historia viene de lejos. Adaptarse a la moto austriaca fue un dolor de cabeza para La Bestia después de cuatro años vestido de rojo. Goyon reconoce el mérito del técnico saliente en esa primera fase: “Tengo que decir que Giribuola hizo un trabajo realmente bueno, porque Enea estaba en grandes dificultades al inicio”.
El problema estaba en el chip del piloto. “El paso de Ducati a KTM fue bastante difícil para él, porque tenía en mente las trazadas que hacía con aquella moto”, explica Goyon. Mientras que “pilotar la Ducati era algo natural para él”, con la RC16 “tuvo que forzar su estilo”.
En el box se volvieron locos probando cosas. “Probaron diferentes configuraciones para encontrar algo que pudiera ayudarle”, cuenta el gerente, pero al final la realidad se impuso: “Entendimos que era él quien debía hacer el trabajo más importante: tenía que cambiar las líneas y su estilo de pilotaje”.
Lo curioso es que lo consiguieron. “Hicieron un trabajo óptimo hasta Brno y en esas cuatro carreras fue genial”, recuerda Goyon. Pero justo cuando la moto y el piloto empezaban a hablar el mismo idioma, Giribuola decidió irse. Y ahí se rompió todo.
“Desafortunadamente Giribuola decidió separarse y Enea se lo tomó realmente mal”, confiesa Goyon sin rodeos. En el equipo sabían que podía afectar, pero no hasta ese punto. “No pensábamos que influiría tanto en sus resultados”, admite. Sin embargo, los datos no mienten: “Es evidente que apenas Giribuola se fue, los resultados de Enea empezaron a caer”.

Goyon define a Bastianini con dos palabras clave: “Es un piloto sensible”. Por eso intentaron frenar la salida del técnico. “Como equipo intentamos evitar este cambio, pero él estaba muy decidido y tuvimos que aceptarlo”, lamenta. Y es que poner a otro al mando a mitad de guerra es casi misión imposible: “Asumir el rol de jefe de mecánicos de un día para otro no es fácil y al final no fue sencillo ni para Enea ni para el equipo”.
El propio Enea no se esconde. En la presentación de la nueva moto de 2026, ha reconocido que el tema le pasó factura. “Cambiar de jefe de equipo no es siempre simple”, soltó el italiano. Bastianini admite que llegó a final de año fundido, y no por las carreras en sí. “Para mí el año pasado fue complicado, pero también estaba un poco cansado; no físicamente, sino mentalmente, caí un poco en la segunda parte de la temporada”, explica.
La incertidumbre y el cambio de su persona de confianza le pesaron. “Después de lo que pasó, estaba un poco estresado. No sé si eso comprometió mi resultado”, reflexiona ahora con la mente más fría.
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Este año toca resetear. Con Giribuola en Pramac cuidando del novato Toprak Razgatlioglu, Bastianini estrena alianza con Andrés Madrid (ex de Binder).

