
Se hace raro, muy raro. Ver a Álvaro Bautista sin el mono rojo del equipo oficial Ducati después de años dominando el Mundial de Superbike es una de esas imágenes a las que costará acostumbrarse. Pero el 2026 ya está aquí y el talaverano ha comenzado su nueva vida como piloto independiente en las filas del Barni Spark Racing Team. Eso sí, el estreno no ha sido precisamente idílico.
El circuito de Jerez ha sido el escenario elegido para esta primera toma de contacto real, pero el clima ha decidido ser el protagonista. La lluvia y el frío han dejado el asfalto en unas condiciones pésimas durante las dos jornadas de test. Una faena enorme, sobre todo cuando tienes que acoplarte a un equipo nuevo y entender una moto que también ha cambiado.
Porque el reto de Bautista tiene miga. A sus 41 años, hereda el asiento de un Danilo Petrucci que ha hecho las maletas rumbo a BMW. Marco Barnabò ha hecho la jugada del año fichando a un bicampeón del mundo para su estructura satélite, demostrando que van muy en serio. Pero claro, para ir rápido hace falta rodar, y estos días han rodado más bien poco.
Además del cambio de aires, Ducati ha puesto en pista la renovada Panigale V4 R de 2026. Hay piezas nuevas, configuraciones distintas y una necesidad urgente de hacer kilómetros para ponerlo todo en su sitio. Con la pista empapada o a medio secar, sacar conclusiones técnicas es casi jugar a la lotería, y Álvaro ha preferido no jugársela.
El propio piloto reconocía que el escenario distaba mucho de ser el soñado para un debut. "Las condiciones no eran las ideales para afrontar este nuevo reto con el equipo", confesaba al bajarse de la moto. La falta de agarre ha obligado a tomarse las cosas con mucha filosofía y dejar el cronómetro en un segundo plano.
Todo ha cambiado a su alrededor. Ya no tiene a sus mecánicos de siempre ni la metodología del box oficial de Aruba. "Todo es nuevo para mí: la colaboración con el equipo, conocer a la tripulación, la forma de trabajar y el primer contacto con el nuevo modelo de la Panigale V4 R", explicaba el #19, dejando claro que hay un periodo de adaptación obligatorio por delante.

Durante el primer día, el agua fue una constante. Bautista apenas completó 18 vueltas y marcó el octavo tiempo, quedándose lejos de la referencia. Pero daba igual. "No fue un test para explorar inmediatamente los límites, tenemos que ir paso a paso y trabajar correctamente", aseguró. El objetivo era simplemente ver que todo estaba en su sitio y no cometer errores absurdos en enero.
La segunda jornada dio algo de tregua por la tarde, permitiendo montar gomas de seco durante un par de horas. Álvaro aprovechó para dar 25 giros y bajar sus tiempos, aunque terminó 15º en la tabla. Pese a las interrupciones, sacó algo positivo: "Aun así logramos dar algunas vueltas tanto en pista mojada como seca".
Lo importante en estos casos es el feeling, y parece que la sintonía con la estructura de Bérgamo es buena desde el minuto uno. "Las impresiones son muy positivas", afirmó Bautista. "El equipo y yo estamos empezando a entendernos, a comprender las tareas que tenemos por delante y a familiarizarnos con la nueva moto".
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Ahora toca cruzar los dedos para que el sol aparezca en los próximos test. Queda mucho trabajo por hacer antes de la primera carrera en Phillip Island. "Definitivamente todavía queda mucho por hacer y en estos dos días no pudimos lograr mucho, pero al menos la impresión general sigue siendo positiva", sentenció el español.

