
Por fin vemos a Iker Lecuona vestido de rojo. La temporada 2026 del Mundial de Superbike está a la vuelta de la esquina y el valenciano se enfrenta al que probablemente sea el mayor reto de su vida deportiva. Tener una Ducati oficial en el box del Aruba.it Racing es el sueño de cualquiera, pero también conlleva una responsabilidad enorme. Tienes la mejor moto, así que se acabaron las excusas. Y él lo sabe mejor que nadie.
El cambio de aires le ha sentado de maravilla al piloto español. Después de unos años peleando con una moto que no terminaba de funcionar, subirse a la Panigale V4 R ha sido como ver la luz. Las primeras sensaciones han sido brutales y confirman lo que todos sospechábamos: la moto italiana juega en otra liga.
Iker no se ha cortado un pelo al describir ese primer contacto con su nueva montura en Jerez: "En mi primera vuelta pude sentir que esto es una máquina de carreras", ha comentado entusiasmado en declaraciones recogidas por Speedweek.com. "Esta moto funciona taaaan bien. La electrónica se siente completamente diferente, toda la moto es distinta. Ahora sé que ha llegado el momento de disfrutar pilotando. Corrí un año en MotoGP y luego cuatro para Honda: ahora puedo decir que estoy en el mejor equipo con la mejor moto. Este será el año más importante de toda mi carrera, porque todos quieren mi asiento. Estoy muy feliz y es una gran alegría estar en este equipo".
Atrás quedan esas temporadas en las que tenía que jugarse el tipo en cada curva para estar delante. Lecuona ha hecho autocrítica y reconoce que muchas de sus visitas al hospital fueron fruto de la desesperación por suplir las carencias mecánicas con valentía. Ahora la película es muy diferente y toca cambiar el chip para pilotar con cabeza.
El propio Iker lo explica con total sinceridad: "Mis lesiones llegaron también porque tenía que ir constantemente por encima del límite", admite el '7'. "A veces conseguía un buen resultado, como el podio en Estoril hace dos años o el quinto puesto en Misano el año pasado. Pero muy a menudo sobrepilotaba la moto y de vez en cuando eso terminaba en una caída y me lesionaba. Mi objetivo es mantener la calma. Sé que tengo potencial suficiente para ganar el campeonato. Pero para eso tienen que salir muchas cosas bien. Estoy preparado; he aprendido mucho en los últimos años. Por eso creo que esta oportunidad llega en el momento perfecto para mí".
Para que todo esto funcione, el trabajo mental está siendo tan importante como el físico. Desde que firmó con los de Borgo Panigale, Lecuona se ha puesto manos a la obra para gestionar la presión. Sabe que tiene un cohete entre las piernas y que la clave para hacerlo volar es no obsesionarse con los tiempos desde el primer día.

Sobre esta preparación psicológica, el piloto ha sido muy claro: "Cuando firmé el contrato, empecé inmediatamente a trabajar en este área con mi mánager Diego Silvente y mi asistente Paco. Se trata de mantener la calma. Tengo la oportunidad y debo estar tranquilo. Lo importante es que disfrute de mi trabajo. Si es así, entonces también soy rápido. Y si soy rápido, puedo ganar carreras. Y quien gana carreras, puede luchar por el título. Por eso no debo presionarme, sino solo disfrutar pilotando".
La acción en pista en Jerez ha estado marcada por un tiempo de perros, sobre todo el primer día. La lluvia no dio tregua y convirtió el circuito en una piscina, complicando mucho las cosas para un piloto que necesita kilómetros de adaptación. A pesar del aguacero, Iker salió a rodar para ir cogiéndole el tacto a la Ducati en mojado, terminando con un 1’55.605 y el quinto mejor registro. Nada mal para empezar.
El jueves la cosa mejoró y se pudo rodar más rápido. Ahí es donde se vio que la adaptación va viento en popa. Su compañero de equipo, Nicolò Bulega, voló bajo marcando un 1’39.331, pero Lecuona no se quedó lejos. El español paró el crono en 1’39.979 para ser sexto, aprovechando cada vuelta para entender cómo reacciona la bestia italiana cuando hay agarre.
Leer también: La apuesta de Yamaha para volver a ganar el Mundial de Superbike tras la retirada de una leyenda
Para llegar a tope a este inicio de año, Iker ni siquiera ha descansado en Navidad. Se ha pasado las fiestas rodando con una Panigale de calle para automatizar movimientos y llegar a los test con los deberes hechos. Ahora solo queda rematar la faena en los cinco días de pruebas que restan antes de que el semáforo se apague en Phillip Island dentro de un mes.

