Más de seis millones de motocicletas y ciclomotores circulan hoy por las carreteras españolas. La cifra es histórica y confirma a la moto como una pieza clave de la movilidad, sobre todo en ciudad. Sin embargo, detrás de ese volumen récord se esconde un problema estructural que no deja de agravarse: la edad de las motos
La media del parque de motos se sitúa ya en torno a los 18 años, mientras que en el caso de los ciclomotores supera los 19. Son cifras muy elevadas si se comparan con otros tipos de vehículos y reflejan una realidad clara: entran motos nuevas, pero salen muy pocas antiguas. El resultado es un parque cada vez más numeroso, pero también más viejo.
La consecuencia más inmediata es que más de una de cada tres motos que circulan por España no puede acceder a las Zonas de Bajas Emisiones que ya están activas en muchas ciudades. Son vehículos sin etiqueta ambiental, homologados bajo normativas de emisiones muy anteriores a los estándares actuales.
El parque de motos ha crecido de forma sostenida durante la última década. En apenas diez años, el número de vehículos de dos ruedas en circulación ha aumentado cerca de un 17%. La moto se ha consolidado como alternativa al coche en desplazamientos urbanos y periurbanos, empujada por la congestión, el precio del combustible y las restricciones al tráfico.
A este crecimiento también ha contribuido la ampliación de la oferta, con la llegada masiva de marcas y modelos más asequibles. El mercado se mueve, hay más opciones y los precios de acceso a una moto nueva son más competitivos que nunca. El problema es que ese dinamismo comercial no se traduce en una retirada proporcional de motos antiguas.
El mercado de segunda mano sigue teniendo un peso enorme y las bajas definitivas se mantienen en niveles muy bajos. Muchas motos con más de 20 o incluso 25 años siguen activas, alargando la vida útil del parque mucho más allá de lo deseable desde el punto de vista técnico y de seguridad.
El envejecimiento del parque de motos no es solo una cuestión ambiental o administrativa. Hay otro tema; también tiene una lectura directa en términos de seguridad vial. Las motos más antiguas carecen de sistemas que hoy se consideran básicos, como el ABS o ayudas electrónicas que mejoran la estabilidad y el control en situaciones críticas.
A esto se suma el desgaste mecánico acumulado tras años (y en muchos casos décadas) de uso. La combinación de tecnología obsoleta y mantenimiento irregular incrementa el riesgo de accidente y la gravedad de las consecuencias cuando este se produce. La renovación del parque es, en este sentido, una de las herramientas más directas para reducir la siniestralidad.
El impacto medioambiental es el otro gran frente abierto. Cerca del 30% del parque de motos no dispone de distintivo ambiental, lo que deja fuera de las ZBE a alrededor de 1,8 millones de vehículos de dos ruedas. Al mismo tiempo, las motos eléctricas siguen siendo testimoniales y apenas representan una fracción mínima del parque total.
A diferencia de lo ocurrido con el automóvil, el sector de la moto no cuenta con un plan específico de renovación. No hay incentivos claros para retirar motos antiguas ni ayudas adaptadas a la realidad económica de este mercado. Sin medidas de este tipo, la tendencia es clara: el parque seguirá creciendo… y envejeciendo.
Leer también: Jonathan Rea se sube a la Honda medio cojo y rueda más rápido que los pilotos titulares en Jerez
El reto para los próximos años no pasa solo por vender más motos nuevas, sino por conseguir que las viejas desaparezcan de la circulación. De lo contrario, España seguirá teniendo muchas motos en la calle, pero cada vez más alejadas de los estándares actuales de seguridad y emisiones.

