
El fichaje de Maverick Viñales por el Red Bull KTM Tech3 en 2025 acabó siendo mucho más importante de lo que parecía sobre el papel. El piloto de Roses llegó a la estructura satélite, que acababa de recuperar el naranja corporativo tras dejar atrás la etapa GasGas, con la intención de hacer historia ganando con una cuarta marca. Lo que nadie esperaba es que su papel fundamental no sería solo en la pista, sino dentro de la cabeza de sus compañeros y jefes.
La situación en Mattighofen el año pasado era bastante delicada. Los problemas económicos del grupo obligaron a cerrar el grifo del desarrollo de la RC16. Mientras Ducati y el resto de fábricas traían novedades cada fin de semana, en KTM tuvieron que apañárselas con lo que tenían. No había piezas nuevas ni soluciones mágicas llegando desde Austria, y eso empezó a afectar mucho a la moral del box.
Pit Beirer, el jefe de KTM Motorsport, ha reconocido ahora que el ambiente se estaba volviendo tóxico porque los pilotos empezaban a creer que la moto no daba para más. Ahí apareció la figura de Viñales. Lejos de quejarse por la falta de evoluciones, el catalán se empeñó en trabajar con el material disponible. Su actitud fue un cortafuegos para las excusas del resto.
Beirer fue muy gráfico al explicar la importancia de Maverick en ese momento crítico: "Maverick nos salvó el trasero", revela a Speedweek.com. Mientras la idea generalizada en el equipo era que la moto no era competitiva, Viñales repetía constantemente a los ingenieros que "la moto era lo suficientemente buena para subir al podio". Solo necesitaba entenderla mejor y adaptar su pilotaje, en lugar de pedir piezas que no iban a llegar.
Esta mentalidad chocó de frente con la de Pedro Acosta. El murciano, llamado a ser la gran estrella, estaba pasando por un bache importante y había perdido la confianza, convencido de que los problemas venían de la mecánica. Pero los datos de Maverick le quitaron la razón. El punto clave fue el Gran Premio de Italia en Mugello, donde Viñales se sacó de la manga un cuarto puesto en la carrera al sprint.

Ese resultado provocó una de las charlas más tensas y decisivas de la temporada. Beirer se llevó a Acosta al camión del equipo y no se anduvo con rodeos. Le reconoció su talento, diciéndole: "Oye colega, eres rematadamente bueno. Eres el futuro en este deporte. Eso lo sabemos todos. Eres uno de los que puede alcanzar el nivel de Marc Márquez". Pero inmediatamente después le soltó la cruda realidad.
El directivo alemán fue tajante con el Tiburón de Mazarrón: "Pero si eres tan bueno como crees, entonces tienes que ser primero la mejor KTM". El argumento era simple: Maverick estaba rodando delante con la misma moto, así que las excusas técnicas no valían. "Si Viñales llega cuarto o quinto, entonces tienes que llegar cuarto o quinto también tú, quizá incluso tercero. Y entonces podemos hablar de la moto", le sentenció Beirer.
La conversación no fue cómoda y Acosta se quedó bastante tocado en ese momento, pero la estrategia funcionó. Al día siguiente, el murciano cambió el chip y logró meterse en el top 5. Fue el momento exacto en el que la temporada de KTM dio un vuelco. Entendieron que antes de mirar lo que hacían las Ducati o Márquez, tenían que mirarse entre ellos.
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Aunque una lesión complicó el final de año para Viñales, en KTM tienen claro quién puso los cimientos de la recuperación. Fue el veterano quien enseñó el camino al novato estrella.

