Un motorista permanece en coma inducido tras sufrir un accidente grave en Arizona, pero está vivo por una razón muy concreta: su intercomunicador de casco envió automáticamente una alerta de emergencia con su ubicación exacta. El dispositivo, un Cardo con detección de accidentes, avisó a su esposa en el mismo momento del impacto y permitió que lo encontraran cuando llevaba ya más de media hora tirado fuera de la calzada, en un punto invisible para los coches que pasaban.
El accidente ocurrió alrededor de las nueve de la noche en una carretera secundaria. No está claro qué lo provocó, aunque su entorno cree que pudo tratar de esquivar a un animal. El resultado fue devastador: más de veinte huesos rotos, lesiones en el cuello y la columna, conmoción cerebral y una hemorragia cerebral. Aun así, los médicos consideran que el hecho de haber sido localizado con rapidez fue determinante para que hoy siga con vida.
La alerta llegó al teléfono de su mujer con un aviso marcado como urgente. No era una llamada ni un mensaje convencional, sino una notificación automática generada por el propio intercomunicador tras detectar el impacto. Al ver la ubicación, decidió desplazarse hasta el punto indicado. Al llegar no vio nada desde la carretera, pero siguió caminando con una linterna hasta encontrar la moto y, a unos metros, a su marido tendido fuera de la vista. Los coches pasaban sin verlo. Diez minutos después llegaron los servicios de emergencia.
Más allá del caso concreto, lo interesante está en cómo funciona técnicamente este tipo de sistemas. Los intercomunicadores modernos con detección de accidentes integran acelerómetros y giroscopios similares a los que usan los smartphones o los sistemas de airbag electrónicos. Estos sensores miden cambios bruscos de aceleración, desaceleración, rotación y orientación. Cuando el algoritmo detecta un patrón compatible con una caída o impacto severo, inicia un protocolo automático.
Ese protocolo suele tener varias fases. Primero, el dispositivo evalúa si el movimiento corresponde realmente a un accidente y no a una frenada fuerte o a que la moto se haya caído en parado. Si supera ese umbral, se activa una cuenta atrás que permite al usuario cancelar la alerta si está consciente y no necesita ayuda. Si no hay respuesta, el sistema envía una señal de emergencia.
La comunicación se realiza a través del teléfono móvil emparejado por Bluetooth. El intercomunicador no tiene conexión directa a redes móviles, sino que utiliza el smartphone como puente. A través de la app del fabricante, se envía un mensaje automático a los contactos configurados previamente, junto con las coordenadas GPS obtenidas del propio móvil. Algunos sistemas también permiten enviar esa información a servicios de emergencia o plataformas externas.
La clave está en que no depende de que el motorista pueda moverse, hablar o siquiera estar consciente. Mientras el casco siga conectado y el teléfono tenga cobertura y batería, la alerta sale sola. En carreteras secundarias, de noche o en zonas con poca visibilidad, esa diferencia de minutos puede ser crítica.
Leer también: Bagnaia compara el método de Ducati con la era Honda: "Nosotros no trabajamos así"
Este tipo de tecnología no sustituye a una conducción prudente ni a una buena planificación, pero añade una capa de seguridad real. No es marketing ni un extra anecdótico. En este caso concreto, marcó la diferencia entre pasar la noche entero en una cuneta y morir o recibir atención médica a tiempo. Y eso, en moto, no es un matiz menor.

