Sete Gibernau no suele hablar con rencor del pasado (directamente no suele hablar mucho públicamente), pero cuando lo hace, el mensaje es claro. El expiloto español ha vuelto a recordar el incidente con Valentino Rossi en el Gran Premio de España de 2005, en Jerez, señalándolo como el momento exacto en el que empezó a perder la fe en MotoGP. No por la derrota en sí, sino por lo que ocurrió después… O más bien por lo que no ocurrió.
La rivalidad entre Rossi y Gibernau marcó una época. A principios de los 2000, MotoGP vivía una transición entre generaciones y estilos, y ambos protagonizaron algunos de los duelos más intensos del campeonato. Pero ninguno tan simbólico como aquella última curva en Jerez, cuando Rossi lanzó la moto por dentro, hubo contacto y Gibernau acabó fuera de la trazada, perdiendo la victoria ante su público.
“Sí, me golpeó en la última curva”, recuerda ahora Gibernau. “Acabé fuera de la pista. Sí, terminé segundo, pero él no recibió ningún castigo. Ahí fue cuando empecé a perder la fe en el deporte”.
Para el catalán, el problema no fue el contacto en sí, sino la sensación de impunidad. En su relato, aquello no fue un hecho aislado, sino la culminación de una dinámica que se repetía temporada tras temporada. “Siempre era igual. En 2003 Vale y yo, en 2004 Vale y yo, en 2005 otra vez. Y yo no podía entenderlo. Esto no era un deporte de contacto”.
Gibernau admite que, a partir de ahí, algo se rompió por dentro. No solo por lo sucedido en pista, sino por decisiones internas, por el clima del campeonato y por una percepción de que ciertas conductas eran toleradas (o incluso celebradas) dependiendo de quién las protagonizara. “Empecé a perder la ilusión por competir”, explica. Y esa frase pesa más que cualquier resultado.
El expiloto va más allá y cuestiona el legado que ese tipo de acciones dejó en las categorías posteriores: “Todo el mundo es valiente en una MotoGP. Del primero al último. No puedes señalar a la televisión y decir que alguien es valiente por golpear a otro”.
Desde una perspectiva casi paternal, Gibernau lanza una reflexión incómoda: “Si yo fuera padre, no querría que mi hijo estuviera en un campeonato así. La valentía no consiste en golpear a otro piloto. Si quieres hacer eso, vete a boxear”.
Según él, que una figura del peso de Rossi saliera indemne de aquella acción envió un mensaje peligroso. “No necesitaba hacerlo. Pasaron muchas cosas después de ese movimiento. Los pilotos lo vieron y pensaron: ‘Esta es la manera de hacerlo’. Y luego uno lo hace con otro, y otro con otro… Y te matan en las carreras”.
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MotoGP ya es suficientemente peligroso por naturaleza, insiste Gibernau, como para normalizar contactos límite. Ese desencanto fue tan profundo que terminó influyendo en su retirada, incluso dejando un año de contrato sin cumplir con Ducati. “Llegó un punto en el que pensé: ‘Esto ya no tiene nada que ver conmigo’”. Dos décadas después, Jerez 2005 sigue siendo mucho más que una última curva. Para Gibernau, fue el principio del final.

