
El mapamundi de MotoGP tiene dos colores predominantes y a los nuevos dueños del campeonato eso les empieza a molestar. Basta con echar un vistazo a la parrilla de la categoría reina para darse cuenta de que España e Italia se han repartido el pastel de forma casi abusiva. Un 68% de las motos están pilotadas por jóvenes de estos dos países. Liberty Media quiere cambiar esta dinámica y ha decidido que la mejor forma de hacerlo es tocando la fibra más sensible de los equipos: el dinero.
La estrategia de los americanos para internacionalizar el mundial a partir de 2026 deja de lado el romanticismo de las copas de promoción para pasar directamente al pago por objetivos. El plan, según adelanta Ride Apart, es financiar a las estructuras de base para que busquen talento lejos de la Península Ibérica y de la bota itálica. Quieren banderas diferentes en el podio y están dispuestos a pagar hasta 200.000 euros a quien consiga traerlas con éxito.
Todo se centra en las categorías que alimentan al Mundial: el JuniorGP (el antiguo CEV) y el Europeo de Moto2. Los equipos que compitan aquí tendrán acceso a unos bonus muy jugosos durante el trienio 2026-2028, pero la letra pequeña es lo importante. Para cobrar, el piloto no puede ser de las potencias dominantes.
Las condiciones exactas para recibir estas ayudas están escritas y van con calculadora en mano. Se premiará el éxito de “pilotos cuya nación de origen sea de al menos 100.000 habitantes y no resulte representada en el Mundial por más del 10% en términos de pilotos inscritos”. Básicamente, han redactado una norma técnica para decir "cualquiera menos españoles e italianos" sin tener que nombrarnos explícitamente.
Hablemos de cifras, porque es lo que va a mover el mercado de fichajes en las categorías inferiores. Un equipo del Mundial Junior de Moto3 que haga campeón a un piloto que cumpla estos requisitos y gane cuatro carreras se llevará 200.000 euros extra. En un paddock donde los presupuestos van siempre al límite, esa cantidad puede salvar una temporada entera.
La escala de premios también contempla a los que se queden cerca. Ser subcampeón con tres victorias supone una inyección de 100.000 euros, y el tercer puesto con dos triunfos deja 50.000 euros en la caja del equipo. También hay dinero para el Europeo de Moto2: 100.000 euros para la estructura que gane el título con cuatro victorias de un piloto que no sea ni español ni italiano.

Hasta ahora, Dorna había intentado arreglar esto con métodos más deportivos, como las diversas Talent Cup repartidas por Asia o el Norte de Europa. Esos programas siguen ahí, pero los resultados son lentos y las parrillas siguen llenas de apellidos latinos. Parece que Liberty tiene más prisa y cree que el incentivo económico directo funcionará más rápido que la formación de base.
Esta maniobra abre un debate complicado sobre la meritocracia. Los equipos de Moto3, siempre necesitados de recursos, podrían verse tentados a fichar por pasaporte en lugar de por cronómetro puro. Al final, se corre el riesgo de bajar el nivel medio de la competición solo para cobrar el cheque de la diversidad, penalizando a dos países que llevan décadas invirtiendo tiempo y dinero en crear la mejor cantera del mundo.
Hay quien ve detrás de todo esto una jugada maestra para recuperar al público estadounidense. Veremos cómo sienta esto a partir de 2026. La realidad es que España e Italia han hecho los deberes mejor que nadie durante 70 años y ahora el sistema cambia las reglas del juego para ayudar a los que se han quedado atrás.
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El dinero manda, y en Liberty tienen claro que prefieren un mapa de colores variados antes que seguir escuchando los mismos dos himnos cada domingo.

