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¿Te molan el Dakar y las trail? Pues así se lee un roadbook a 160 km/h entre saltos y dunas

Publicado el 11/01/2026 en Otros Campeonatos

Imagina ir lanzado por el desierto saudí a más de 160 km/h, con el sol golpeándote el casco, el aire caliente entrando por cualquier rendija del equipo y la moto flotando sobre arena blanda, piedras sueltas y pistas que no siempre existen. Ahora añade un detalle más: para llegar a meta no basta con ir rápido. Hay que saber exactamente por dónde ir. Y para eso, en el Dakar, los pilotos de motos siguen leyendo mapas de papel en pleno infierno.

No hay navegación por voz, ni flechas gigantes en una pantalla, ni una ruta dibujada como en un GPS de calle. En el Dakar, la referencia es el road book. Un rollo de papel impreso que se desplaza manualmente y que el piloto consulta mientras rueda a velocidades que, fuera de este rally, ya serían motivo de sanción inmediata. Mirar abajo no es opcional. Es obligatorio.

El road book se coloca en un porta-roadbook fijado a la torre de navegación de la moto. Antes de salir, el piloto pone a cero el cuentakilómetros y lo sincroniza con el inicio del libro. A partir de ahí, cada viñeta indica una distancia concreta, un rumbo, un peligro, un cambio de terreno o un punto clave de navegación. El papel avanza o retrocede mediante un mando en el manillar, porque equivocarse forma parte del juego y hay que corregir sobre la marcha.

A esto se suma otro elemento crítico: los odómetros. Los pilotos suelen llevar dos, además de un sistema satelital de emergencia. ¿Por qué? Porque en el Dakar es habitual perder la trazada correcta, rodear un obstáculo, improvisar un rodeo o incluso encontrar un atajo. Cuando eso ocurre, la distancia real ya no coincide con la del road book. Así que el piloto ajusta manualmente el odómetro, suma o resta metros, y vuelve a “cuadrar” el libro con la realidad. Todo esto mientras sigue rodando a fondo.

El lenguaje del road book no es intuitivo. Son símbolos, colores y dibujos que indican si el terreno es arenoso, pedregoso, rápido o peligroso. Flechas que marcan giros invisibles. Advertencias de cortados, zanjas, rocas o cambios bruscos de dirección. Lo que para un espectador parece una colección de jeroglíficos, para un piloto del Dakar es un idioma que debe leer en décimas de segundo.

La dificultad no está solo en entenderlo, sino en hacerlo a ritmo de carrera. No hablamos de levantar la vista en una recta tranquila, sino de alternar constantemente entre el horizonte y el papel, en uno de los entornos más hostiles del planeta. El error no es solo perder tiempo: puede significar quedarse atascado, romper la moto o acabar fuera de carrera.

Por eso el Dakar no es solo una cuestión de velocidad o resistencia física. Es una prueba de concentración extrema, memoria, capacidad de decisión y sangre fría. Cada kilómetro es un ejercicio de navegación pura, donde el piloto hace de corredor, copiloto y estratega al mismo tiempo.

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Visto desde fuera, puede parecer una locura. Y probablemente lo sea. Pero así es como se compite en el rally más duro del mundo: a gas, a ciegas… Y leyendo un mapa de papel. Aquí puedes echar un vistazo al vídeo de Red Bull que pone un poco más de luz al asunto: 

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