
La autopista AP-7 se convirtió este pasado lunes en el escenario de una persecución que parece sacada de un guion de cine. Un joven de 28 años decidió transformar la vía pública en su circuito privada, una aventura que le ha salido muy cara y que le ha llevado directo al calabozo.
Todo el lío empezó sobre las 14:15 de la tarde. Una patrulla de Trànsit de los Mossos d’Esquadra estaba vigilando la circulación cerca de Tarragona cuando les llamó la atención una motocicleta de gran cilindrada. El vehículo llevaba matrícula alemana y circulaba a un ritmo endiablado, ignorando cualquier límite de velocidad y realizando maniobras bastante agresivas entre el resto de usuarios.
Los agentes activaron las luces y las sirenas para darle el alto. Lejos de cortar gas y echarse a un lado, el piloto decidió que era mejor idea intentar dejar atrás a la policía. Enroscó el puño a fondo y comenzó una huida hacia el sur que duró más de media hora y generó situaciones de pánico en la carretera.
El radar de los agentes llegó a registrar velocidades superiores a los 200 km/h durante la fuga. El motorista iba con el cuchillo entre los dientes, adelantando por los arcenes y culebreando entre los coches sin ningún miramiento. Fueron 36 kilómetros de tensión en los que varias patrullas intentaron darle alcance sin éxito inicial.
La conducción del fugitivo empeoró por momentos. Llegó a invadir carriles de incorporación e incluso circuló en dirección contraria en algunos tramos, una auténtica locura que obligó a otros conductores a esquivarlo para evitar el choque. Pararlo a esa velocidad mediante la fuerza era demasiado arriesgado para la seguridad de todos.
Por ese motivo, los Mossos optaron por una táctica diferente. Organizaron una retención artificial de tráfico justo en la salida de Reus. Crearon un tapón de coches controlados para bloquear la vía por completo y esperar a que el motorista llegara a la ratonera.

Al encontrarse con la autopista totalmente colapsada, el piloto no tuvo escapatoria y se vio obligado a detener la moto. Sin embargo, bajarse del vehículo no calmó sus ánimos. El hombre se mostró muy agresivo y se resistió a la detención con violencia, llegando a agredir a uno de los agentes, que terminó con heridas leves tras el forcejeo.
Ya con las esposas puestas, llegaron las pruebas de sustancias. El etilómetro marcó negativo en alcohol, pero el test de drogas dio positivo en THC. El conductor iba bajo los efectos de componentes del cannabis.
Ahora toca hablar de las consecuencias, que no son pocas. A este motorista se le imputan delitos muy serios: conducción temeraria, conducción bajo la influencia de drogas y atentado contra la autoridad. Al haber agresión física a un agente, entramos en terreno penal complicado, con posibles penas de prisión que dependerán de la valoración del juez y de las lesiones causadas.
El tema del carnet tiene su miga. Aunque la moto tiene matrícula alemana, no se ha confirmado la nacionalidad del piloto ni el origen de su licencia. Suponiendo que tenga un permiso de conducir extranjero (lo habitual si la moto es de fuera), la DGT se encuentra con un muro: no puede quitarle puntos. El sistema de puntos español no tiene efecto sobre licencias de otros países.
Pero que nadie piense que se va de rositas por ser extranjero o tener carnet de fuera. El juez español tiene potestad absoluta para prohibirle conducir en nuestro país. Lo normal en estos casos es que le retiren el derecho a usar vehículos a motor en territorio español por un tiempo que puede oscilar entre uno y seis años.
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A esto habrá que sumar las sanciones económicas, que serán abultadas por la acumulación de delitos, y la responsabilidad civil por las lesiones al policía.

