
Hablar de la retirada cuando acabas de ganar un Mundial parece una locura, pero Marc Márquez tiene los pies en el suelo. El piloto de Cervera ha pasado por el plató de El Objetivo y ha dejado titulares muy interesantes sobre su futuro. Tiene contrato con Ducati hasta 2026, pero sabe que las ganas de correr no son lo único que cuenta en este deporte.
El #93 admite que la decisión final dependerá de cómo se levante cada mañana y de lo que digan sus viejas lesiones. La motivación sigue ahí, intacta, pero el chasis manda. "Yo sé que me voy a retirar antes por el cuerpo que mentalmente", confesaba durante la entrevista. Es una realidad que asume con naturalidad después de todo lo que ha pasado en los quirófanos estos últimos años.
Averiguar el momento exacto para parar es quizás el reto más complicado que le queda por delante. No quiere arrastrarse por los circuitos, pero tampoco irse antes de tiempo. Así lo explicaba él mismo: "Para mí, lo más difícil de un deportista es saber cuándo y cómo retirarse. Si alargar más el chicle o no".
Su cabeza va a mil por hora y sigue pidiendo guerra, pero la maquinaria humana tiene límites. Marc tiene que hacer un chequeo personal temporada tras temporada. "Tengo que entender año a año cómo va mi cuerpo. Mentalmente se va como un cohete, ahí hay gasolina, pero entender cómo y cuándo hacerlo", comentaba sobre esa gestión de sus fuerzas.
Pero la charla no fue solo sobre su futuro. Márquez también quiso zanjar uno de los temas más feos que arrastra el campeonato: el mal rollo en las gradas. Todavía colea lo que pasó en la gala de final de temporada en Valencia el pasado noviembre. Era una noche de fiesta para celebrar su título, pero el ambiente se torció de forma inesperada.
La organización puso un vídeo de leyendas y, al salir la cara de Valentino Rossi, una parte del público se puso a silbar y abuchear. Una reacción que a Marc no le gustó ni un pelo. Lejos de dejarse llevar por el fervor de los suyos, aprovechó que subía al escenario a por un premio para pedir calma y educación.

Cortó los pitos con un mensaje muy directo a la afición española: "Por favor, respeten a todos. Vivir con rencor es muy duro y hay que respetar a todo el mundo porque luchamos muchísimo ahí fuera". Fue un gesto de campeón, pidiendo que se valore a los rivales en lugar de machacarlos.
Marc insistió mucho en este tema ante Ana Pastor. Él prefiere que la energía de la gente se use para animar, no para ir en contra de nadie. "Yo creo que vivir con rencor es muy duro. La gente que vive con rencor... es duro. Yo no quiero que mis aficionados tengan rencor, quiero que guarden sus fuerzas para aplaudirme a mí", aseguró.
Sabe bien de lo que habla porque él mismo sufrió lo contrario en Mugello, donde los pitos fueron para él tras ganar. También recordó que los toques en pista, como el que tuvo con Bezzecchi en Indonesia, son gajes del oficio y no ataques personales. "Por ejemplo cuando me lesioné, me tocó otro piloto, me tiró. Pero no es 'me tiró', cometió un error, me tocó y nos caímos, pero es que nadie lo hace voluntariamente", explicó para defender a sus compañeros.
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Al final, el mensaje es que el motociclismo es un deporte de riesgo donde todos se juegan el tipo. "Lo que pasa es que vamos al límite, pero la gente esto no lo entiende a veces". Y sobre si le cansa que le sigan preguntando por Rossi diez años después, Marc se resigna: "Me preguntan, pero es normal".

