
Andorra ha dejado atrás su fama exclusiva de destino de esquí o de compras baratas de tabaco y alcohol para convertirse, por derecho propio, en la base de operaciones de la élite del motociclismo mundial. La densidad de pilotos por metro cuadrado es asombrosa y, aunque el entorno ayuda, el motivo principal tiene un color verde bastante reconocible: el de los euros que se dejan de pagar a Hacienda.
La calculadora no miente y las diferencias son abismales cuando hablamos de contratos de ocho cifras. Vamos a poner un ejemplo práctico y demoledor con una de las fichas más altas de la parrilla, la de Marc Márquez. Con unos ingresos estimados en torno a los 15 millones de euros anuales -entre patrocinios y ficha de Ducati-, las matemáticas cambian radicalmente dependiendo de a qué lado de la frontera tengas tu domicilio.
Viviendo en España, y tras su reciente mudanza a Madrid, el de Cervera se enfrenta a un tipo máximo de IRPF que roza el 50% (concretamente el 47% en su tramo más alto, a partir de 300.000 euros). Esto significa que Márquez aporta a las arcas públicas españolas unos 7 millones de euros cada año.
En cambio, si ese mismo domicilio estuviera en Andorra, la tributación se desplomaría hasta el 10%. La factura fiscal se quedaría en 1,5 millones. Hablamos de un ahorro neto de casi 7 millones de euros por temporada, una cifra que da para comprar muchas motos.
El sistema tributario del Principado es el gran reclamo. Las reglas del juego allí son sencillas y muy atractivas para las rentas altas. Los primeros 24.000 euros están exentos. El tramo siguiente, hasta los 40.000 euros, paga un ridículo 5%. Pero la magia ocurre a partir de esa cifra: todo lo que supere los 40.000 euros tributa a un tipo fijo del 10%. Es un chollo fiscal difícil de ignorar para deportistas con una vida laboral corta y muy intensa.
Ruben Xaus fue el visionario que vio la jugada antes que nadie. El expiloto no se limitó a disfrutar de las ventajas del país, sino que lo convirtió en un modelo de negocio, atrayendo a una legión de compañeros hacia el microestado fundado en 1278. La lista de vecinos ilustres es interminable: Jorge Martín, Fabio Quartararo, Jack Miller, Álex Rins, Johann Zarco, los hermanos Espargaró o Joan Mir. A ellos se suma la armada de Superbike con los hermanos Binder, Chaz Davies, Remy Gardner o Leon Camier. Todos han cambiado su lugar de origen por las montañas.
Aleix Espargaró es, posiblemente, el piloto que defiende con mayor vehemencia este estilo de vida, y lo hace con argumentos que van más allá de la cuenta bancaria. Para el probador de Honda, la orografía es fundamental. Su obsesión por el ciclismo encuentra en los puertos andorranos el escenario perfecto para entrenar a una intensidad casi profesional, rodeado de una comunidad de deportistas de élite que eleva el nivel de exigencia cada mañana.
La tranquilidad familiar es otro de los pilares que sostiene la decisión de Aleix. Según ha explicado en varias ocasiones, Andorra le ofrece una burbuja de calma ideal para ver crecer a sus hijos, Max y Mia, lejos del foco mediático y el estrés. El piloto insiste siempre en su transparencia: su residencia es real, pasa allí los 365 días del año salvo cuando hay carreras y su familia está totalmente integrada, marcando distancias con quienes usan el país solo como un buzón de correos para evadir impuestos.

Frente a la corriente mayoritaria, Marc Márquez se mantiene firme en suelo español. Su historia con Andorra fue traumática. A finales de 2014, la filtración de que planeaba trasladarse allí desató una cacería mediática brutal, tachándole de insolidario. Aquello acabó con el piloto llorando en una rueda de prensa, cancelando el traslado y comprometiéndose a tributar en España. Hoy, desde Madrid, sigue pagando sus impuestos aquí.
En el bando de la resistencia también encontramos a Pedro Acosta. El Tiburón de Mazarrón probó la experiencia andorrana y salió rebotado en tiempo récord. Cuenta que apenas aguantó un par de días antes de llamar a su padre para que fuera a buscarle porque echaba de menos la playa y era incapaz de cocinarse algo comestible. Acosta valora más sus raíces y, sobre todo, la distancia mental.
Existe un caso todavía más curioso, el de quien hace las maletas para marcharse del paraíso fiscal. Maverick Viñales protagonizó en 2021 una operación retorno muy poco habitual en el paddock. La llegada de su hija Nina cambió sus prioridades de golpe y 'Mack' decidió abandonar el Principado para volver al calor del Empordà, a su Roses natal.
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Buscaba el apoyo de los suyos y la estabilidad de casa para esta nueva etapa vital, renunciando a los beneficios fiscales. La mudanza fue total y real, tanto que incluso implicó cancelar acuerdos comerciales que mantenía con entidades andorranas, dejando claro que su adiós a los Pirineos no tenía vuelta de hoja.

