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Cuando KTM estuvo a punto de venderse: la historia del día en que Harley-Davidson llamó a la puerta

Publicado el 28/12/2025 en Otras noticias

Durante décadas, la figura de Stefan Pierer estuvo asociada a una forma muy concreta de entender la industria de la moto europea: crecimiento agresivo, riesgo calculado y una obsesión casi personal por convertir KTM en algo mucho más grande de lo que jamás había sido. Ese camino, sin embargo, estuvo lleno de episodios poco conocidos, entre ellos uno que hoy suena casi irreal: la posibilidad de vender KTM a Harley-Davidson en los años noventa.

Cuando Pierer aterriza en KTM a comienzos de los '90, la marca austriaca es poco más que un símbolo en ruinas. La quiebra de KTM Motor-Fahrzeugbau en 1991 había dejado la fábrica de Mattighofen al borde de la desaparición, con una estructura industrial colapsada, deudas elevadas y cientos de empleos en el aire. Fue entonces cuando, a instancias de Heinz Kinigadner, Pierer decidió implicarse en una operación que, en su origen, no tenía vocación romántica ni industrial a largo plazo. Él mismo reconocería años después que su idea inicial era clara: reestructurar KTM y venderla.

Según reconstruye GPOne en varios de sus reportajes históricos, Pierer actuaba entonces como lo que él mismo definió más tarde como una “langosta”: comprar empresas en problemas, sanearlas y desprenderse de ellas con beneficios. KTM encajaba perfectamente en ese patrón. Con apenas 160 empleados y una producción anual garantizada por importadores extranjeros, la nueva KTM Sportmotorcycles GmbH arrancó en enero de 1992 casi desde cero, apoyándose en el off-road y en una estructura mucho más ligera... Pero se enamoró demasiado de la marca.

A mediados de la década, la operación parecía un éxito. KTM había vuelto a ser viable, tenía una identidad clara y empezaba a ganar prestigio deportivo. En ese contexto, la idea de vender la compañía volvió a la mesa. En 1996, KTM salió a bolsa y, en paralelo, surgió un nombre como posible comprador: Harley-Davidson. La marca estadounidense atravesaba entonces un buen momento financiero y exploraba opciones de expansión internacional.

La lógica industrial no era del todo loca. Harley buscaba diversificar su catálogo y reforzar su presencia fuera de Estados Unidos; KTM representaba una puerta de entrada directa a Europa y al motociclismo deportivo. Sin embargo, la operación nunca llegó a concretarse. Tal y como detalla GPOne, Harley-Davidson optó finalmente por destinar sus recursos a la construcción de una nueva planta en Manaus, Brasil, descartando la compra del fabricante austriaco.

Ese giro marcaría un punto de inflexión. La no venta de KTM acabó siendo decisiva para el futuro de la marca y para el propio Pierer. Lejos de desprenderse de la compañía, terminó comprometiéndose con un proyecto a largo plazo, impulsado también por la influencia de figuras clave como el diseñador Gerald Kiska. A partir de ahí, KTM dejó de ser una empresa “en tránsito” para convertirse en el núcleo de un imperio industrial que se expandiría con Husaberg, Husqvarna, GASGAS y WP, siempre bajo una misma filosofía: carreras, identidad fuerte y crecimiento global.

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Vista con perspectiva, aquella posible venta a Harley-Davidson no fue un simple episodio anecdótico, sino el reflejo de una KTM aún en construcción, sin el peso simbólico ni la ambición que adquiriría después. Un momento en el que el futuro de la marca más agresiva de Europa pudo haber tomado un rumbo completamente distinto.

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