
Buell acaba de confirmar lo que muchos creían imposible tras tantos vaivenes empresariales: las entregas de la brutal Super Cruiser han comenzado oficialmente en Estados Unidos. Las primeras unidades de producción final están llegando a los garajes de sus dueños, un camino que, sin duda, ha sido un auténtico calvario burocrático.
Desde que vimos por primera vez este modelo allá por febrero de 2023, la compañía ha tenido que pelear duro en los despachos. La culpa del retraso la tienen las exigentes normativas de emisiones norteamericanas, concretamente las aprobaciones de la EPA y la estricta certificación CARB de California.
Superar estos trámites es un dolor de cabeza para cualquier fabricante, pero es el peaje obligatorio para poder vender legalmente una máquina de combustión de este calibre en suelo americano hoy en día.
Hablemos de lo que realmente importa, que es el corazón de esta máquina. Estamos ante una cruiser que juega en otra liga, una que deja en ridículo las cifras de potencia habituales en el segmento custom. Monta el bloque V-Twin de 1190 cc refrigerado por líquido que escupe la friolera de 175 cv. Para que os hagáis una idea, estamos hablando de potencia de superbike en un chasis con manillar alto.
La cifra de par tampoco se queda corta, con 127 Nm a 8.500 vueltas. Buell ha querido mantener ese carácter indomable que siempre caracterizó a sus creaciones bajo la batuta de Erik Buell, aunque ahora la empresa vuele sola. La gestión de toda esta caballería se hace a través de una caja de cambios convencional con cadena de transmisión final, alejándose de las correas típicas de cruiser americanas para asegurar que la potencia llega a la rueda sin pérdidas.


Pero la potencia sin control no sirve de nada, y aquí es donde la Super Cruiser se desmarca de sus rivales de Milwaukee o Minnesota. La moto ha sido diseñada en colaboración con Roland Sands Design, buscando ese "Club Style" tan de moda en la costa oeste.
El resultado es un peso en orden de marcha de apenas 220 kilos sin gasolina. Monta llantas de 17 pulgadas en ambos ejes, suspensiones ajustables Fox y un equipo de frenos Brembo que garantiza detener el misil con seguridad.
La estrategia comercial de la marca pasa ahora por consolidar su presencia física. Saben que para competir con Harley-Davidson e Indian necesitan una red de asistencia sólida. Actualmente cuentan con unos 80 puntos de servicio autorizados en Estados Unidos, pero la hoja de ruta marca el objetivo de alcanzar las 120 ubicaciones a lo largo de 2026. Además, mantienen un sistema de venta directa al cliente, un modelo híbrido cada vez más común.

A este lado del charco tendremos que esperar. La expansión internacional va un paso por detrás, aunque ya hay luz al final del túnel para el mercado británico. Gracias al acuerdo con el importador Rainbow Moto, se espera que las primeras Super Cruiser pisen el Reino Unido a principios de 2026. Este movimiento será la antesala para la llegada de la futura SuperTouring, el siguiente modelo en la lista de lanzamientos de la renacida marca.
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El precio de tener en el garaje una de las motos americanas más radicales del momento es de 25.900 dólares, 22.000 euros al cambio.En Europa, de momento, desconocemos su tarifa, aunque lógicamente será más alto sumando su importación y aranceles.

