
Durante la última década, BMW Motorrad nos había acostumbrado a un detalle de calidad bastante simpático: encontrarnos las letras "BMW" estampadas en las cabezas de la tornillería. Quedaba bien, denotaba cuidado por el detalle y, lo más importante, no molestaba. En el fondo, esos tornillos seguían siendo unos Torx o Allen de toda la vida y podíamos meterles mano con la caja de herramientas estándar que todos tenemos en el garaje.
La historia cambia radicalmente con la última idea que ha tenido el departamento legal y de ingeniería de la firma alemana. Acaban de proteger un diseño que transforma su famoso logotipo de la hélice no en un adorno, sino en la propia huella de la herramienta. Olvídate de tus llaves convencionales, porque lo que proponen es un sistema propio que podría darnos algún que otro quebradero de cabeza a los que nos gusta trabajar en nuestra propia moto.
El objetivo de esta patente no es mejorar la aerodinámica ni aligerar peso. La marca lo deja cristalino en la documentación del registro a la que ha tenido acceso el portal Motorradonline.de: buscan exclusividad técnica. Según sus propias palabras, con este diseño "se debe permitir manipular la conexión por tornillo, o aflojarla o establecerla, únicamente a un grupo limitado de personas".
Para operar estos nuevos tornillos hará falta un útil muy específico. Imaginad un destornillador cuya punta sea el negativo exacto del logo de BMW, básicamente dos sectores circulares opuestos, como dos trozos de tarta enfrentados. Sin esa llave maestra, el tornillo es teóricamente inviolable.
Desde el punto de vista puramente mecánico, la idea plantea serias dudas sobre su rendimiento en zonas de estrés. Los estándares industriales actuales, como el perfil Torx, existen por una razón: permiten aplicar pares de apriete bestiales sin que la herramienta resbale. El diseño de la hélice, con sus superficies lisas y curvas, no parece tener la mordida necesaria para aguantar grandes cantidades de par.

Precisamente por esa limitación física, es bastante improbable que veamos estos tornillos sujetando una pinza de freno o la culata del motor. Todo apunta a que su hábitat natural serán los carenados, las tapas laterales y esos elementos estéticos que tanto nos gusta desmontar para instalar chuches o hacer el mantenimiento básico.
La patente va más allá y no se queda solo en una cabeza plana convencional. Los alemanes han previsto variantes con cabeza avellanada o de lenteja. Estas formas redondeadas y embutidas son el verdadero problema, ya que impiden el uso de trucos de la vieja escuela, como intentar girarlos con unos alicates o mordazas. Si pierdes la herramienta específica, estás vendido.
Al final, la jugada tiene una doble lectura. Por un lado, eleva el nivel de marca al absurdo, haciendo que hasta el último tornillo respire identidad bávara. Por otro, obliga al usuario a pasar por el aro -y por caja- del servicio oficial para tareas que antes eran triviales. Ese "grupo limitado de personas" del que habla la patente suele coincidir con los que tienen acceso a los útiles de taller oficiales.
Leer también: El enemigo estaba en casa: así saqueó un operario externo el almacén de carreras de Ducati
Tampoco hace falta que corráis a la ferretería a buscar adaptadores extraños todavía. El registro de una patente es solo el primer paso y muchas veces estas ideas se quedan en un cajón o tardan años en llegar a la cadena de montaje.

