
Pastranaland ha sido el escenario de uno de esos duelos que marcan un antes y un después en nuestra retina, enfrentando a la realeza de la vieja escuela contra la eficiencia de la era moderna. Hablamos, por supuesto, de la RMZilla de Travis Pastrana midiéndose el lomo contra una Stark Varg de 80 cv. El encargado de retorcer el puño a ambas bestias ha sido Carson Brown, ese piloto capaz de ir rápido hasta con un triciclo, y el resultado ha dejado a los amantes de la mezcla de aceite y gasolina con el corazón un poco más roto.
Para ponernos en situación, la RMZilla no es una moto cualquiera que te encuentras en Wallapop. Estamos ante una quimera mecánica, una obra de ingeniería nacida del capricho de Pastrana por tener la moto más salvaje posible para el Red Bull Straight Rhythm.
Travis explica su origen con esa pasión que le caracteriza: "Para conseguir esto, pones un motor de dos tiempos de 500 cc en un chasis de aluminio". Y ojo, que tiene historia, porque Suzuki nunca montó estos motores en chasis de aluminio de serie. Este bastidor en concreto proviene de la última carrera profesional que corrió Travis en St. Louis allá por 2009.
Al otro lado del ring, tenemos a la Stark Varg, la moto que ha venido a alterar el orden establecido. Mientras que la Suzuki representa la fuerza bruta y desmedida, algo que el propio Pastrana define como "el muscle car de las motocicletas", la eléctrica es la respuesta tecnológica, el equivalente a un Tesla de alto rendimiento. La premisa del duelo era sencilla: averiguar si los supuestos 65 o 70 caballos de la 500 cc podían contener el empuje instantáneo y programable de la Varg configurada a 80 caballos.
Carson Brown, que tiene unas manos prodigiosas, se subió primero a la bestia amarilla. La experiencia de pilotar la RMZilla es de todo menos suave. Brown bajó de la moto impresionado por la entrega de potencia, describiendo el sonido y la fuerza "como una hidrolimpiadora a presión".
Llegó el turno de la eléctrica y aquí cambiaron las reglas del juego. Sin marchas, con freno en el manillar y una entrega de par lineal, la conducción de Carson tuvo que adaptarse sobre la marcha. Él mismo reconocía que echaba en falta la inercia del motor de explosión para ciertas maniobras: "No soy capaz de hacer el 'scrub' tan fuerte en esta solo por el impulso del motor, la inercia mantiene la moto funcionando un poco mejor".

Sin embargo, la Varg tiene trucos bajo la manga que una 500cc de los noventa no puede ni soñar. La tracción de la eléctrica es simplemente absurda. En las subidas de arena, donde la mecánica tradicional sufre para mantener las vueltas, la Varg ni se inmuta. "Esta cosa con 80 caballos no baja la velocidad ni un poco", comentaba alucinado Brown tras bajarse de ella. La salida de las curvas es tan salvaje que compensa con creces cualquier segundo perdido por no poder plegar la moto tan agresivamente en los saltos.
Al final, los números mandan y el veredicto fue un jarro de agua fría para los puristas. Pastrana confirmaba el tiempo con el cronómetro en mano: "Fuiste un poco más de un segundo más rápido en esta que en la RMZilla". Puede parecer poco, pero en un circuito corto y técnico es un mundo. Y lo peor (o mejor, según se mire) es que Brown acababa de aterrizar sobre la eléctrica. El propio piloto asegura que, con un poco más de adaptación para entender cómo saltar con ella, podría bajar otros dos segundos fácilmente.
Leer también: Ni moto ni scooter: la bestia italiana de 48 CV con cadena y cambio manual que agita el mercado
¿Tienes ganas de ver el vídeo completo? Aquí lo tienes:

