
'Campioni in Festa' ha servido para cerrar oficialmente un año dorado para Ducati, un 2025 donde han arrasado con todo. Marc Márquez se ha llevado el premio gordo en MotoGP, escoltado en la clasificación por su hermano Álex con la Gresini, mientras que en Superbike Nicolò Bulega ha brillado pese a quedarse a las puertas del título. Pero mientras corría el champán, el protagonista tenía la cabeza en otro sitio.
El título de 2025 tiene un valor incalculable, sobre todo por el peaje físico que ha pagado el #93. Tres meses de parón por esa lesión en el hombro derecho se han hecho eternos para el de Cervera. Ahora toca volver al asfalto y el ilerdense no quiere perder ni un minuto más, por lo que su presencia en la fiesta de Ducati marcaba el final de la celebración y el inicio inmediato del trabajo.
Él mismo lo ha dejado claro ante los micros durante el evento organizado este viernes en Borgo Panigale. "Estoy mucho mejor", confirma Marc. "Han pasado doce semanas de la lesión y este fin de semana, o esta semana, volveré a subirme a la moto, volveré a entender qué es pilotar".
Esa prisa por recuperar sensaciones tiene una víctima colateral: el tiempo libre. El plan de playa y relax queda totalmente descartado para desgracia de su entorno. "Nada de vacaciones, por lo tanto; para mí es más fácil aceptarlo, ¡para Gemma, mi novia, es más difícil!", bromea el piloto de Cervera.
Noviembre ha sido un mes de auténtica locura, combinando una rehabilitación intensiva con los compromisos obligatorios de un campeón del mundo. El esfuerzo ha valido la pena porque los chequeos médicos han dado luz verde: el hueso ha soldado y los ligamentos están donde deben estar. Eso sí, avisa de que no va a salir a buscar tiempos desde el minuto uno: "No está todavía todo en su sitio para poder pilotar al 100%, pero sí lo bastante para empezar a un 70-80%".
Con el alta bajo el brazo, la temporada pasada ya es historia antigua en la mente del 93. "Ahora empezaremos a trabajar para 2026, este es el último día en que celebramos la temporada 2025", asegura tajante. Tienen dos semanas por delante algo más tranquilas antes de que la maquinaria de desarrollo empiece a rodar a pleno rendimiento, y él quiere estar listo.

Volver a pasar por el quirófano y el proceso de recuperación es un trago que se le ha hecho bola mentalmente, aunque levantar el título ayuda a digerirlo mejor. "Ha sido pesado psicológicamente, pero haber ganado quizás lo ha hecho más fácil", reconoce. Describe jornadas maratonianas que empiezan a las ocho de la mañana y acaban a las siete de la tarde, una rutina monacal que lamentablemente ya se conoce de memoria desde aquel fatídico 2020.
La clave ha estado en la gestión de la frustración durante esas semanas de gimnasio y fisioterapia. "El punto es que no todos los días se va hacia adelante, en algunos se va hacia atrás y es ahí donde he aprendido a tener esa paciencia que este año he podido disfrutar también en pista".
Obviamente, en la fiesta también sobrevoló la sombra del futuro cambio de reglamento de 2027 y los rumores de un posible acercamiento a Honda. Marc es pragmático y ahora mismo sabe que la mejor herramienta está en Italia: "Para el próximo año está claro que tendremos la moto más rápida, que es lo más importante". Sin embargo, deja una puerta abierta al futuro lejano: "Para 2027-2028, en cambio, todavía está todo en duda, se abrirá todo".
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De momento, la predisposición a seguir vestido de rojo es altísima. A la pregunta de cuánto quiere quedarse en una escala del cero al diez, responde con un sólido "ocho". La sintonía con Ducati parece total: "Estamos trabajando para ganar y todas las partes lo quieren, y esto es muy importante de cara a 2027-2028".

