
La amenaza de las rotaciones de Grandes Premios en la Península Ibérica parece haber encontrado, por fin, una cierta estabilidad. Jerez ha dejado de ser una incógnita para convertirse en una cita fija. El trazado andaluz ha confirmado su blindaje contractual para albergar el Gran Premio de España de manera ininterrumpida hasta 2031, un movimiento trascendental que saca a la pista gaditana de la lista de posibles candidatos a alternarse con otros grandes premios españoles durante los próximos seis años.
Con la renovación jerezana, España consolida tres pilares inamovibles frente a los deseos de Dorna de globalizar el calendario. El Circuit de Barcelona-Catalunya fue el primero en mover ficha en febrero de 2025, asegurándose una plaza fija hasta 2031 sin entrar en rotaciones. A esta estabilidad se sumó el Ricardo Tormo de Cheste en marzo, cuando la Generalitat Valenciana y el campeonato extendieron su vínculo también hasta 2031, garantizando la traca final del mundial en suelo valenciano tras los estragos sufridos por la DANA.
La cara amarga de esta moneda estratégica recae ahora sobre Alcañiz. Con Jerez, Barcelona y Valencia blindados a largo plazo, MotorLand Aragón queda en una posición delicada. El trazado aragonés -que ya sufrió una rotación hace dos temporadas- es actualmente el único de los cuatro grandes españoles que tiene un horizonte temporal corto, con un contrato firmado únicamente hasta 2026.
Mientras sus hermanos respiran tranquilos hasta la próxima década, el circuito aragonés deberá pelear su continuidad en un escenario donde las plazas ibéricas están cada vez más cotizadas y limitadas.
En medio de este panorama de contratos, Jerez ha aprovechado para sacar pecho de su historia con la presentación del libro "40 años cabalgando". La obra, escrita por los especialistas Jesús Benítez y Raúl Zarzuela junto al fotógrafo Álvaro Rivero López de Carrizosa, funciona como una enciclopedia visual y narrativa de lo que significa este asfalto para el mundial. Son 400 páginas que repasan desde la primera piedra hasta la actualidad, avaladas por figuras de la talla de Mick Doohan o Valentino Rossi.

El acto de presentación en el Ovni del circuito sirvió para reivindicar el estatus místico del trazado. María José García-Pelayo, alcaldesa de la ciudad, destacó la importancia de la publicación por rememorar la épica "que hacen de nuestro Circuito la Catedral Mundial del Motor, gracias a la afición de Jerez, que es única, y a los aficionados que llegan de otros países". Unas palabras que subrayan por qué Dorna difícilmente podría prescindir de este escenario: el ambiente es un activo que no se puede comprar ni construir en otros países.
La historia del circuito también tuvo su momento de reconocimiento a los orígenes, citando a Pedro Pacheco como el alcalde promotor que impulsó una iniciativa ciudadana hasta convertirla en realidad. Arturo Bernal, consejero de Turismo, incidió en este aspecto, calificando el libro como un trabajo “magnífico que recoge lo que el Circuito es para todos: memoria emocional de Andalucía”. Para Bernal, el valor de la pista reside en que “es, por lo tanto, un símbolo en el que se han vivido páginas históricas, y que forma parte de nuestra vida”.
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Para demostrar que Jerez es mucho más que un fin de semana de carreras al año, hay que recordar la intensa actividad que mantiene el recinto. El pasado septiembre, el circuito se transformó en un festival total con motivo de su aniversario. Hubo sitio para todo: desde una concentración de coches clásicos y autocaravanas hasta las carreras de promoción de la F4 y la Eurocup3. La jornada se remató con conciertos de bandas ochenteras como Los Toreros Muertos o La Frontera.

