
El deslumbramiento de los faros LED se ha convertido en un problema real para motoristas y conductores, tanto que un nuevo informe del Departamento de Transporte británico (DfT) confirma lo que muchos llevan tiempo denunciando: la intensidad de las luces modernas ha ido demasiado lejos, hasta el punto de que más de la mitad de los automovilistas reconocen haber reducido o incluso dejado de conducir de noche por culpa del brillo excesivo.
En el estudio, los investigadores emplearon un vehículo con sensores y cámaras para medir la luminancia (la luz que realmente llega a los ojos del conductor) y descubrieron que, en más del 20% de las situaciones registradas, se superaban los 40.000 candelas por metro cuadrado, un nivel en el que el riesgo de deslumbramiento aumenta de forma drástica. Según el informe, los coches más grandes y los que usan faros LED son los principales culpables.
Para los motoristas, el efecto es todavía peor. En motos bajas como scooters o custom, los ojos del piloto quedan justo en la trayectoria de los faros de los SUV. Si a eso se añade una visera con pequeñas rayas o gotas, un asfalto mojado que refleja la luz y el ángulo cambiante al inclinar la moto, la combinación se convierte en una auténtica pesadilla. Muchos motoristas describen la sensación como "recibir un fogonazo en plena cara", un momento de ceguera temporal que puede ser suficiente para perder una referencia o una línea de trazada.
El DfT recuerda que el diseño de los faros ha evolucionado más rápido que la normativa. Las pruebas de homologación siguen midiendo la intensidad lumínica, pero no cómo percibe esa luz un usuario real en la carretera. Y ese es el gran fallo: una lámpara puede ser legal y, sin embargo, resultar peligrosa por el ángulo o la altura del haz. El estudio recomienda introducir límites basados en luminancia (la luz percibida por el ojo humano) y realizar controles periódicos del deslumbramiento real.
Mientras tanto, las soluciones prácticas pasan por el lado del motorista: mantener las viseras limpias y sin microarañazos, usar sistemas antivaho y evitar, si es posible, circular de noche en tramos con mucho tráfico. También sería deseable que los fabricantes incorporen faros adaptativos capaces de ajustar el haz según el terreno o el ángulo de inclinación, como ya hacen algunos modelos de alta gama.
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Porque, como subraya el informe, el deslumbramiento no es una simple molestia: roba tiempo de reacción, fatiga la vista y puede provocar errores críticos en la conducción. Y cuando se va sobre dos ruedas, un segundo de ceguera no es solo incómodo. Es potencialmente fatal.

