
En Aubervilliers, un suburbio gris al norte de París, todos conocían a Doudou. Su nombre real era Abdoulaye N., pero eso daba igual. En el barrio bastaba con decir “Doudou Cross Bitume” para que alguien sonriera. Era el tipo que hacía caballitos imposibles entre coches, el que enseñaba a los niños a controlar una moto como si fuera una extensión del cuerpo. Su lema, “Toujours plus près du bitume” (siempre más cerca del asfalto), era casi una filosofía de vida.
Hoy, sin embargo, ese mismo nombre suena en los informativos por un motivo muy distinto: es el principal sospechoso del robo de joyas del Louvre. Se dice ya, se califica, que es uno de los robos más importantes del siglo XXI.
El golpe, digno de una película pero ejecutado con torpeza real, ocurrió el pasado 19 de octubre en la Galerie d’Apollon, el salón donde se exhiben las joyas de la corona francesa. Los ladrones irrumpieron en plena mañana, rompieron las vitrinas y escaparon en scooters con piezas valoradas en unos 88 millones de euros. Entre lo sustraído había collares, pendientes y la famosa corona de la emperatriz Eugenia… que acabó en el suelo, perdida durante la huida. El plan empezó a hacer aguas.
Los investigadores encontraron un casco, herramientas y restos de ADN que llevaron hasta Abdoulaye. El antiguo ídolo del barrio fue detenido días después en su apartamento, acusado de robo organizado y conspiración. La ironía es brutal: el hombre que vivía para estar “cerca del asfalto” habría huido, precisamente, sobre uno de esos scooters, un Yamaha TMAX.
Su historia, sin embargo, no encaja del todo en el molde del delincuente profesional. Antes de esto, Doudou había sido casi un símbolo de superación. Ex-piloto amateur, creador de vídeos virales y mentor improvisado de chavales que querían aprender a montar en moto. Muchos vecinos insisten en que era un tipo tranquilo, educado, solidario. Le recuerdan cargando bolsas de la compra a ancianos o vigilando los portales cuando alguien se iba de vacaciones.
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Pero el expediente policial también cuenta otra versión: quince antecedentes por conducción temeraria, robos menores y una condena por un asalto a una joyería en 2014. Su vida siempre osciló entre el talento y el riesgo. Y esta vez parece que la curva le ha salido demasiado cerrada. Quizá el golpe del Louvre no sea la gran trama internacional que algunos imaginaron. Quizá solo sea la historia de un hombre que confundió la velocidad con el destino. Alguien que ya tenía su leyenda y no necesitaba otra.

