
Por Borja Arias@borjarias | Google+ |
Hoy os traigo una de esas pruebas que dejan un gran sabor de boca. He tenido el placer de subirme a la nueva Yamaha R7 2026, y si tuviera que resumir la experiencia en una sola palabra, sería madurez. Si recordáis, esta moto irrumpió en 2022 como una opción lógica y divertida, pero para este 2026, Yamaha le ha metido "vitaminas". Ha dejado de ser esa adolescente de 14 años para convertirse en una máquina hecha y derecha, ganando en contundencia y presencia.
Lo primero que entra por los ojos es su renovada estética. Yamaha ha pulido el carenado, haciéndolo más estrecho y eficiente frente al viento. Estrenamos óptica delantera, una quilla rediseñada y, un detalle que me gusta mucho, los intermitentes ahora están integrados en los retrovisores. Además, el depósito ha ganado músculo —literalmente—, aumentando un kilo su peso para albergar 14 litros de capacidad, lo que nos regala una autonomía algo más generosa para nuestras rutas.
Pero no todo es fachada. En la parte ciclo, el salto es notable. La R7 2026 equipa ahora las llantas SpinForged, mucho más ligeras, que junto a los neumáticos Bridgestone S23 de serie, transforman la agilidad de la moto. En circuito, que es donde realmente se le ven las costuras a una deportiva, se siente mucho más precisa. Además, el chasis ha sido retocado en puntos clave de rigidez y el basculante también ha recibido ajustes para ofrecer una estabilidad impecable.
Uno de los puntos donde más he notado la evolución es en las suspensiones. La horquilla delantera ahora es totalmente regulable y tiene un tarado interno mucho más firme que transmite muchísima información al piloto. Y si hablamos de frenada, agarraos: Yamaha ha decidido montar bombas radiales Brembo tanto delante como detrás. El tacto es exquisito y te permite apurar las frenadas con una confianza que antes, sencillamente, no tenías en este modelo.
Donde Yamaha ha dado el do de pecho es en la electrónica. Olvidaos de la sencillez de la versión anterior; aquí tenemos una IMU de seis ejes heredada directamente de la R1. Esto se traduce en un despliegue tecnológico brutal: control de tracción, anti-wheelie, gestión de freno motor y modos de potencia. Todo esto se controla desde una pantalla TFT de 5 pulgadas a color con conectividad y navegación Garmin integrada. Es, sin duda, un nivel de equipamiento superior para su categoría.
Bajo el carenado sigue latiendo el incombustible motor CP2 de 689 cc, ahora bajo normativa Euro 5 Plus. Sigue rindiendo esos voluntariosos 74 CV, pero con una novedad importante: la admisión ha sido rediseñada para ofrecer el par de forma más lineal y temprana. Además, ahora incluye de serie el shifter bidireccional de tercera generación. Aunque en este bicilíndrico el cambio se siente algo más "mecánico" que en su hermana mayor la R9, funciona a la perfección cuando le exiges en conducción deportiva.
Ergonómicamente, la moto sigue siendo una deportiva de pura cepa pero con matices. El asiento ha bajado 5 mm (ahora a 830 mm), lo que facilita mucho la vida a los pilotos de cualquier talla; yo, con mi 1,80 m, apoyo ambos pies perfectamente. Los semimanillares están un pelín más altos, lo que permite ir rápido en carretera sin que las muñecas sufran un calvario, aunque siempre os digo lo mismo: ¡hay que sujetarse con las piernas y el abdomen!
En pista, la R7 es una delicia por su nobleza. Durante las tandas que hicimos en el Circuito del Sol, la moto se comportó de forma ejemplar. A pesar de montar un chasis tubular de acero, la precisión es asombrosa y no hace extraños ni siquiera en los cambios de rasante más agresivos. Es una moto que no te fatiga, que te acompaña en tu progresión como piloto y que perdona errores gracias a esa electrónica "pata negra" que actúa de forma casi imperceptible.
En definitiva, esta segunda generación de la R7 me ha sorprendido gratamente. Es una moto más completa, mejor equipada y mucho más eficaz. Estará disponible en el clásico azul Yamaha, en negro y en una espectacular edición 70 Aniversario que es, sencillamente, preciosa. El precio arranca en los 10.500 €, una cifra competitiva para todo lo que ofrece ahora. Si queréis ver cómo se defiende esta pequeña R1 en plena acción, no os perdáis el vídeo que tenéis justo aquí abajo.

Por Borja Arias