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- Escapó de la policía a más de 140 km/h por ciudad con su Kawasaki ZX-10R.
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- La matrícula era falsa y los agentes tuvieron que abortar la persecución por seguridad.
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- Un anuncio de venta en internet ha sido el error que ha permitido su detención meses después.
La historia de este motorista es el ejemplo perfecto de cómo un momento de adrenalina te puede arruinar la vida, sobre todo si después te confías demasiado. Lo que empezó como una huida a toda velocidad el pasado verano por las calles de Bad Mergentheim, Alemania, ha acabado de la peor forma posible para su protagonista casi un año después. Al final, no fue el radar ni el helicóptero lo que le pilló, sino su propia cuenta en una web de segunda mano.
Todo el lío arrancó en agosto del año pasado. El chico, que ahora sabemos que tiene 21 años, se topó con un control de tráfico en el distrito de Löffelstelzen. En vez de parar y presentar los papeles, decidió que era buena idea ver cuánto corría su Kawasaki ZX-10R. Se dio a la fuga a una velocidad que dejó a la policía local sin muchas opciones.
Durante la persecución, las patrullas intentaron seguirle el ritmo, llegando a ponerse a 130 km/h por calles estrechas. Pero la moto era mucho más rápida. El fugitivo llegó a superar los 140 km/h en pleno casco urbano, poniendo en riesgo a cualquiera que cruzara la calle en ese momento. Era una situación de peligro total.
Hubo un instante en el que los agentes estuvieron a punto de echarle el guante en una rotonda. De hecho, estuvieron tan cerca que pudieron leer la matrícula. Pero el motorista se sacó un truco sucio de la manga: clavó los frenos justo delante del coche patrulla, obligándoles a detenerse en seco para no chocar. En cuanto los bloqueó, volvió a acelerar a fondo y se perdió en el horizonte.
La policía decidió dejar de perseguirle porque aquello se estaba volviendo demasiado peligroso para los vecinos. Según explicaron las autoridades de Heilbronn, en ese momento "una detención inmediata no fue posible". El tipo se salió con la suya, o eso creía él mientras guardaba la moto en el garaje.
Cuando los investigadores se pusieron a mirar la matrícula que habían apuntado, se llevaron la primera sorpresa. El número no existía en los registros legales. Resulta que la placa estaba falsificada, un truco que el joven usaba para que no le pillaran los radares fijos ni le pudieran identificar fácilmente.

A pesar de que no tenían un nombre, los agentes se quedaron con los detalles de la moto. No era una moto cualquiera: una Kawasaki verde y blanca, muy ruidosa, con un motor de cuatro cilindros y casi 200 CV. Una auténtica bestia de circuito rodando por la calle. Tenían sospechas sobre un chico de la zona, pero no podían demostrar que él fuera el piloto de aquella tarde.
El giro de guion ha llegado este mes de abril. El sospechoso, pensando que el tema ya estaba olvidado después de tantos meses, puso un anuncio en internet para vender la moto. Los agentes de Bad Mergentheim, que no habían cerrado el caso, vieron las fotos en un portal de ventas y reconocieron la Kawasaki al instante.
Tras investigar un poco quién estaba detrás del anuncio, la policía llegó hasta un garaje privado. Allí estaba la Ninja, aparcada y lista para ser entregada a un nuevo dueño. Los agentes la confiscaron allí mismo como prueba principal del delito. La jugada de intentar sacar unos euros por la moto le ha salido carísima.
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Ahora el chaval tiene un panorama judicial bastante feo. Le acusan de participar en carreras ilegales, conducción temeraria y de falsificar documentos por la matrícula falsa. Se enfrenta a multas muy altas o incluso a penas de hasta cinco años de cárcel si el juez se pone serio.

