
A sus 47 años, Valentino Rossi sigue teniendo la misma energía que cuando arrasaba en MotoGP. En una charla muy relajada en el podcast Tintoria, el nueve veces campeón del mundo ha repasado su trayectoria y ha contado cómo es su día a día ahora que compite en coches. Lo que más llama la atención es lo en serio que se toma su faceta digital, rodeado de tecnología en su casa de Tavullia.
Rossi pasa gran parte de su tiempo en su habitación de juegos, un lugar que ha montado con todo detalle. Allí, entre sus cascos y monos de cuero, se entrena para mejorar al volante. Valentino admite que el nivel de realismo es altísimo y que compite contra gente de todo el mundo en sesiones que duran horas.
"Entreno con el simulador, que en realidad es un videojuego pero de altísimo nivel, Iracing", desvela el italiano "Se juega al pc, está el volante que es el mismo que el de mi coche, con todos los botones. Puedes jugar online pero también solo y hacer de los test. Mi novia dice que estoy con mis 'amigos imaginarios', en discord. En internet soy ValentinoRossi2, el 1 ya lo habían cogido... hay muchísimos niveles hasta el profesional, a veces gano pero son más las veces que no gano".
Para él, esta forma de ocio es fundamental para mantenerse en forma competitiva. De hecho, comenta que la sensación de estar dentro de la carrera es total, algo que echa de menos cuando intenta jugar a títulos de motos, donde cree que la experiencia no tiene nada que ver.
"¡Es inmersivo, estoy sentado en un asiento con frenos y en las tres pantallas está el cockpit así ves bien la pelea! Los juegos de coches son de verdad bonitos, los de motos no. Está el de MotoGP, el de 2004 era muy bonito, estaba yo con la Yamaha. Con la moto el simulador no existe, tienes que jugar con el mando y es distinto", opina el nueve veces campeón del mundo,
Esta pasión por las pantallas le viene de lejos. Se define como parte de una generación que creció con los primeros pasos de la informática. Valentino recuerda con cariño sus primeras partidas y cómo ese espíritu competitivo se ha trasladado también a los chavales de su academia de pilotos: "Soy de la generación que creció con los videojuegos, cuando era pequeño llegó la primera Atari con el tenis, he pasado también por SuperMarioKart, ahí son fuertes nuestros pilotos, mi hermano, Morbidelli y Bezzecchi. Es complicado, para ir fuerte tienes que ser capaz. Cuando tengo tiempo juego y me entreno. Todos los pilotos de F1 juegan, también Verstappen es un gran amante de los simuladores, según él es más importante entrenarse que ir con los karts".
Echando la vista a sus orígenes, Valentino tiene claro que su destino estaba escrito. La relación con su padre, Graziano, fue la llave que le abrió las puertas del motor. En lugar de jugar a la pelota, sus momentos de conexión familiar consistían en buscar cualquier sitio donde pudiese rugir un motor: "Mi padre Graziano era un piloto que se había retirado, como yo él también había pasado de las motos a los coches. Para él jugar conmigo era llevarme sobre un motor, era el punto máximo de nuestra relación. Era el principio de los años 80 y se podía ir también a una zona industrial a rodar con el kart, desde ahí siempre soñé con ser piloto, siempre me he sentido un piloto, nunca he tenido un plan B".
Ahora que está centrado en las cuatro ruedas, Rossi compite en carreras de resistencia. Aunque disfruta de la experiencia, tiene muy claro que el esfuerzo físico que requiere una moto está a otro nivel, especialmente cuando recuerda sus aventuras en tierras japonesas.
"La diferencia con el endurance en moto es mucha, sobre la moto es mucho más difícil, Suzuka es la única que he hecho en moto", aclara el #46. " Antes se corría con dos pilotos, ahora se hace con tres. En agosto en Japón hace calor como en Malasia, cuando bajabas de la moto recuperabas tirándote al hielo. Siempre he sido un apasionado de Japón y de los pilotos japoneses, las 8 horas de Suzuka era una carrera mitológica, pero también es un gran compromiso, así que dije 'vamos a ganarla porque probablemente no volvamos'. Lo logramos, pero para recuperarme después me hicieron falta dos meses. El coche físicamente es menos exigente, tienes que tener fuerza en las piernas pero con el aliento es más fácil".

Pero no todo en la vida de Valentino ha sido velocidad y gloria. En la entrevista, el italiano no evitó hablar de uno de los capítulos más oscuros y comentados de su carrera: su enorme lío con la Hacienda italiana a finales de los 2000. El fisco le reclamó una cantidad astronómica tras considerar que su residencia en Londres era ficticia y que realmente debía tributar en Italia.
Aquel conflicto estalló en 2007, cuando la Agencia Tributaria italiana le acusó de haber evadido impuestos por valor de unos 60 millones de euros entre 2001 y 2006. Al sumar multas e intereses, la cifra que se manejaba en los medios era mareante, lo que supuso un golpe durísimo para su imagen pública en un momento en el que era el héroe nacional absoluto.
"Fue chocante, desde el principio por cómo pasó, de 0 a 100. Pasé de ser honorable a un delincuente", cuenta el de Tavullia. "Recuerdo el titular de la Gazzetta que decía 'Valentino nos debe 100 millones'. Fue un momento del que aprendí mucho, y estoy contento de cómo lo resolví. Quería volver a Italia pero estaba atrapado en una situación difícil. Para muchas personas era mejor si me hubiera quedado en Inglaterra, les habría convenido".
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Finalmente, Rossi decidió zanjar el asunto pagando una cifra cercana a los 35 millones de euros para cerrar el litigio y poder trasladar su vida legal y personal de nuevo a Tavullia. Para él, aquello fue más que un pago: fue la forma de recuperar su libertad y su hogar, dejando atrás una gestión de su patrimonio que se le había ido de las manos: "Fue difícil romper eso, habría sido mejor hacerlo antes pero no pude y pasó un lío. Pero aproveché este problema para cambiar muchas cosas en mi organización y volver a Tavullia, que era lo que quería. He vuelto, he pagado, y la gente me ha perdonado".

