
Las máquinas de asfaltar ya están trabajando a destajo en el Autódromo Internacional Ayrton Senna. No ha pasado ni un mes desde que terminó el Gran Premio de Brasil y los dueños del circuito han tenido que cerrar las puertas para levantar el suelo. Es la respuesta urgente a un fin de semana donde la seguridad brilló por su ausencia y los pilotos acabaron hartos de jugarse el tipo por el mal estado de la pista.
El plan es rápido pero drástico. Los obreros tienen de margen hasta mañana para terminar de poner el nuevo pavimento. Una vez que acaben, el circuito se quedará totalmente vacío durante 30 días. Este parón es fundamental para que el material asiente y no se vuelva a deshacer cuando las motos pasen por encima a toda velocidad. Si todo va según lo previsto, la pista volverá a abrir el próximo 10 de mayo.
Lo que se vivió hace unos días en Brasil fue de película de terror. El momento más surrealista ocurrió el sábado, cuando un agujero apareció en mitad de la recta principal. Resulta que debajo había una tubería de alcantarillado vieja que nadie sabía que estaba ahí y que terminó por hundirse. Tuvieron que arreglarlo como pudieron para salvar la jornada, pero los baches que quedaron hicieron que las motos fueran casi imposibles de conducir en esa zona.
Pero lo peor no fue ese socavón, sino cómo se rompió la pista en las curvas. En la zona 11, el suelo se empezó a deshacer literalmente. En lugar de asfalto, lo que había eran trozos de piedra sueltos que salían despedidos de las ruedas traseras de las motos. Estos fragmentos golpeaban a los pilotos que venían por detrás con la fuerza de una bala, provocando una situación que en el paddock calificaron de inaceptable.
Los daños en los pilotos se vieron nada más bajarse de la moto. Álex Márquez y Álex Rins terminaron la carrera con los brazos y las manos llenos de moratones y golpes por el impacto de estas piedras. Correr así, con proyectiles dándote en el cuerpo a 200 por hora, no es algo que se pueda permitir en un Mundial que se supone que tiene los mejores estándares de seguridad en 2026.

La tensión fue tal que Dirección de Carrera tuvo que improvisar un cambio de planes de última hora. Justo antes de empezar la carrera del domingo, decidieron recortar el recorrido de 31 a 23 vueltas. Fue un caos para los mecánicos y los ingenieros, que no tuvieron tiempo de ajustar el consumo de gasolina ni de pensar qué neumáticos eran los mejores para una carrera tan corta.
El calor sofocante del domingo y las lluvias de los días anteriores terminaron de rematar la faena. La mezcla de agua y temperaturas altísimas hizo que el asfalto nuevo no pegara bien con el viejo, creando una pista llena de trampas y saltos que puso al límite a todos los corredores. Era evidente que no se podía seguir así ni un día más.
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Con este cierre de un mes, el Gobierno local y los organizadores intentan salvar los muebles. Saben que la imagen que ha dado el GP de Brasil ha sido muy floja y que necesitan una reforma total para que el Mundial quiera volver el año que viene.

