
Guenther Steiner ya no se mueve entre monoplazas, pero no ha perdido ni un ápice de esa energía que le hizo famoso en Netflix. Ahora, metido de lleno en el paddock de las dos ruedas como nuevo propietario del Tech3 KTM, el italo-estadounidenseha confesado que lo que está viendo le tiene totalmente descolocado. Después de toda una vida en la Fórmula 1, aterrizar en MotoGP ha sido como pasar del blanco al negro.
Su estreno en el equipo ha coincidido con momentos intensos, especialmente tras ver a Enea Bastianini peleando en lo más alto en Austin. Steiner reconoce que, aunque viene de la cima del automovilismo, el riesgo que asumen los pilotos de motos es algo que todavía le cuesta procesar. "Para mí, MotoGP es nuevo. Lo considero uno de los deportes más emocionantes del mundo, si no el que más", ha comentado a los micrófonos oficiales del campeonato.
Lo que más le ha llamado la atención en estos primeros meses de 2026 es el peso que tiene el piloto en el resultado final. En los coches, la ingeniería suele llevar la voz cantante, pero aquí la historia cambia radicalmente. Steiner alucina con cómo un piloto puede hundirse o brillar solo por su estado de forma o confianza. "Cuando te involucras, siempre sorprende lo competitivo que es este deporte. Cuánta influencia tiene el piloto en las carreras; es increíble lo mucho que se puede subir y bajar, depende del piloto", explica.
Steiner no se corta al decir que los que se suben a estas motos no son personas normales. Para él, hay una barrera física y mental que separa a los pilotos del resto de los mortales. "Creo que tienes que ser diferente para hacer lo que ellos están haciendo, en mi opinión. Quiero decir, lo que estos tipos hacen sobre una moto es increíble".
A menudo, los moteros de calle pensamos que lo que vemos en la tele es solo una versión extrema de lo que hacemos nosotros el domingo de ruta. Steiner tiene claro que esa comparación no existe. "Todos pensamos que sabemos llevar una moto. Pero cuando miras lo que están haciendo, ¡eso no es pilotar una moto! Es pilotar una máquina asombrosa a un nivel muy alto". Según dice, ver las maniobras en directo le hace pensar que es algo humanamente imposible.
Esa dureza se nota sobre todo cuando hay caídas. En el mundo de los coches, un accidente suele acabar con el piloto en el garaje o en el centro médico por precaución. En las motos, la película es otra. "Puedes verlo en la televisión, así que imagínate hacer lo que ellos hacen. Para mí, como ser humano, es imposible. Solo puedo ver el riesgo que necesitan correr. Se caen, se levantan y corren de vuelta para subirse a la moto otra vez. ¡Tienes que ser de otra pasta para hacer esto!", exclama con su estilo directo de siempre.

A pesar de su asombro, Steiner sabe que no está en el equipo solo para mirar. Ha llegado con la misión de poner orden y mirar a largo plazo. Su fase de adaptación está siendo intensa, tratando de entender cómo funciona un negocio que se mueve a una velocidad distinta al de los coches. "Estoy más que feliz por el momento. Obviamente, todavía necesito aprender mucho. Los primeros seis meses son solo para conocer a la gente y el negocio".
Su papel ahora mismo es más estratégico que técnico. No quiere entrometerse en el trabajo de los mecánicos, sino construir un equipo que sea ganador dentro de un par de años, cuando el reglamento cambie por completo. "Para mí, el énfasis principal ahora no es 'me encanta ir a las carreras', los chicos pueden hacer eso sin mí. Para mí, se trata más de configurar el equipo para el futuro. ¿Qué haremos a partir de 2027? Lo más importante es marcar el camino hacia el futuro", afirma tajante.
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El panorama que tiene por delante no es sencillo. Tech3 tiene que decidir si sigue con KTM o se lanza a la aventura con Honda, que busca recuperar su trono con el cambio a los 850cc. Además, tiene a sus dos pilotos, Bastianini y Viñales, con el contrato a punto de caramelo.

