El regreso del Circuito do Estoril al calendario del Mundial de Superbikes tras la pandemia fue una de las sorpresas más agradables del campeonato. Sin embargo, seis años después de aquel retorno, el trazado portugués vuelve a estar rodeado de incertidumbre… Y esta vez el problema no está en la pista.
La instalación situada a las afueras de Lisboa atraviesa una situación delicada. Varias infraestructuras del circuito presentan un deterioro evidente, hasta el punto de que una de las tribunas ha sido clausurada por su estado y otra podría seguir el mismo camino si no se acometen obras. A día de hoy, además, no existe un plan claro de renovación a medio plazo, lo que ha encendido todas las alarmas.
A este problema se suma otro frente abierto con los vecinos de la zona. Durante meses se han acumulado quejas por el ruido generado por la actividad del circuito, y las autoridades han endurecido las exigencias: faltan barreras acústicas y sistemas de medición homologados para controlar los niveles sonoros, algo que ya ha provocado la suspensión de varias jornadas de rodaje. Normalmente se hacen excepciones para grandes eventos internacionales, pero la presión política ha ido en aumento.
La situación ha escalado hasta el punto de que el propio alcalde de Cascais, Nuno Piteira Lopes, ha dejado caer públicamente la posibilidad de cerrar el circuito si no se resuelven estas deficiencias.
En paralelo, el futuro de la gestión del trazado también está en juego. El circuito pertenece a una empresa estatal portuguesa, que ha decidido sacar la explotación del complejo a una licitación internacional. Los candidatos interesados deberán presentar proyectos que incluyan inversiones de cientos de millones de euros en infraestructuras, una cifra que deja claro el nivel de renovación que necesita el histórico trazado. Entre los posibles aspirantes a gestionar Estoril figura el propio municipio de Cascais, que ya ha mostrado interés en tomar el control del recinto y modernizarlo.
Mientras tanto, en el paddock del Mundial de Superbikes miran con cierta preocupación hacia Portugal. Estoril está programado como la penúltima ronda del campeonato 2026, prevista para el fin de semana del 9 al 11 de octubre, pero el resultado del proceso de licitación y la resolución del conflicto con el ayuntamiento podrían influir directamente en el futuro del evento.
El campeonato ya ha vivido situaciones parecidas en el pasado. Muchos aficionados todavía recuerdan lo ocurrido con el Lausitzring en 2017, cuando el cambio de propietario provocó la cancelación de la ronda del WorldSBK prevista para la temporada siguiente. Y por ahora, el escenario sigue abierto. Pero a meses de la cita portuguesa del Mundial de Superbikes, el histórico Estoril vuelve a estar más pendiente de los despachos que del rugido de los motores.

