
Si alguien piensa en el país con más motos del planeta, probablemente pensará en India o en algún país del sudeste asiático. Pero la realidad es que el mayor fabricante mundial de moto es China. Cada año salen de sus fábricas decenas de millones de unidades entre scooters, ciclomotores, motos convencionales y triciclos que acaban llegando aquí. Sin embargo, hay un detalle que convierte al mercado chino en uno de los más peculiares del planeta: en muchas de sus grandes ciudades las motos están prohibidas.
Es lo que muchos analistas del sector llaman la “paradoja china”: el país que más motos fabrica es, al mismo tiempo, uno de los que más restricciones urbanas ha impuesto a su uso.
Las limitaciones no son algo reciente. De hecho, empezaron hace décadas. Pekín comenzó a restringir la circulación de motos ya a mediados de los años 80, y durante los años 90 muchas grandes ciudades siguieron el mismo camino. Con el paso del tiempo las prohibiciones se fueron extendiendo y hoy más de 90 grandes ciudades chinas tienen algún tipo de restricción o veto directo a las motocicletas en sus centros urbanos.
En algunos casos la prohibición es prácticamente total. Guangzhou, una de las grandes metrópolis del país, lleva años sin permitir motos en la mayor parte de su área urbana. Shenzhen aplica limitaciones muy severas en numerosas vías de la ciudad, y otros núcleos urbanos importantes han adoptado medidas similares.
Incluso donde no están completamente prohibidas, el acceso puede ser casi imposible. En Shanghái, por ejemplo, la matrícula necesaria para circular con moto dentro de la ciudad puede alcanzar precios que superan los 50.000 dólares, lo que convierte su uso en algo reservado a muy pocos.
Las razones detrás de estas restricciones son varias. A finales del siglo pasado las motos se multiplicaron en las ciudades chinas y comenzaron a asociarse con problemas de seguridad vial, delincuencia y congestión urbana. En paralelo, el gobierno quería proyectar una imagen de ciudades modernas y ordenadas, donde el transporte público, el automóvil y las nuevas soluciones de movilidad ocuparan el protagonismo.
Pero mientras las motos de gasolina se iban restringiendo, otro tipo de vehículo empezó a conquistar las calles: los scooters eléctricos. China apostó de forma masiva por este tipo de movilidad y hoy es, con diferencia, el mayor mercado del mundo de vehículos eléctricos ligeros. Se calcula que en el país circulan cientos de millones de bicicletas y scooters eléctricos, utilizados a diario para desplazamientos urbanos, reparto o transporte personal. Baratos, fáciles de usar y en muchos casos sin necesidad de carnet, estos vehículos se convirtieron en la alternativa perfecta para las grandes ciudades chinas. El resultado es que en muchas calles del país es habitual ver auténticos ríos de scooters eléctricos moviéndose entre el tráfico.
Este cambio ha tenido un efecto curioso en el mercado de la moto tradicional. Al desaparecer su papel como herramienta de transporte cotidiano en muchas ciudades, la moto ha empezado a transformarse en un producto de ocio y pasión. Sin embargo, la otra paradoja es que el perfil del motociclista chino está cambiando rápidamente. Durante años la moto era simplemente una solución barata de movilidad para quien no podía permitirse un coche. Hoy, en cambio, cada vez más compradores buscan la motocicleta como afición, como objeto de deseo o como forma de disfrutar del tiempo libre.
Eso está impulsando el crecimiento de segmentos que antes apenas existían en el país, como las motos de media cilindrada, las trail o las naked deportivas. Las rutas moteras, los eventos y la cultura motociclista también están empezando a crecer entre una nueva generación de usuarios jóvenes con mayor poder adquisitivo.
Mientras tanto, la industria china ha seguido produciendo millones de motocicletas cada año. Pero ante un mercado interno con limitaciones urbanas, muchas marcas han optado por mirar hacia fuera: en consecuencia, las exportaciones se han disparado (pero disparado) en los últimos años y las motos chinas están llegando cada vez con más fuerza a Europa, Latinoamérica y otros mercados internacionales. Marcas como CFMOTO, Zontes, Voge, QJMotor, Loncin o Kove ya compiten directamente con fabricantes japoneses y europeos en numerosos segmentos.
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El resultado es un escenario curioso: mientras dentro del país las motos de gasolina pierden espacio frente a los scooters eléctricos en las ciudades, las fábricas chinas están enviando cada vez más motos al resto del mundo.

