
Fabio Quartararo ha terminado el viernes del Gran Premio de Tailandia en la 16ª posición, una situación que empieza a ser una rutina pesada para el campeón francés. A pesar de ser la mejor moto de la marca de los diapasones, El Diablo se ha quedado a casi un segundo y medio del récord de la pista que ha marcado Marco Bezzecchi.
La jornada ha sido un desastre provocado por el miedo a la lluvia. Quartararo ha explicado que el equipo se puso nervioso con las nubes y el viento, lo que les llevó a gastar todos los neumáticos nuevos demasiado pronto. "Estamos un poco demasiado lejos. Las condiciones hoy eran extrañas. Decidimos usar las gomas nuevas pronto porque llovía y hacía viento, y al final nos quedamos sin neumáticos nuevos", ha confesado el piloto tras bajarse de la M1.
Lo peor no es el tiempo por vuelta, sino la sensación de que el túnel no tiene salida a corto plazo. Yamaha sigue trabajando en su nuevo motor V4, pero las piezas no llegan. Fabio ya sabe que le toca sufrir durante toda la gira americana y el inicio de la primavera. "No sé cuándo llegará el nuevo motor, pero creo que al menos hasta Le Mans no lo tendremos. No estoy seguro al cien por cien, pero para Brasil, Estados Unidos y Qatar, no estará", ha soltado con una sinceridad que asusta.
En el box de Yamaha se respira un aire distinto al de los test de pretemporada. Quartararo reconoce que se equivocó al pensar que la moto estaría más cerca de las Ducati y las Aprilia en este inicio de 2026. Ahora, su prioridad ha pasado de ser el podio a ser la gestión de su propia reputación como piloto de élite... pensando en su futuro fuera de la marca de Iwata.
"He hablado con mi equipo y con los ingenieros, y creo que fui demasiado optimista con el potencial de la moto. Sé cuál es el potencial real y no quiero volverme loco ni cometer errores. Especialmente por mi imagen, que creo que es lo más importante ahora", ha admitido el francés. Estas palabras dejan claro que Fabio prefiere terminar 12º antes que irse al suelo intentando un milagro imposible que solo le traería lesiones o frustración.

Esta nueva filosofía es una respuesta directa a la falta de rumbo técnico en la fábrica. El piloto siente que están dando palos de ciego y prefiere mantenerse entero físicamente mientras esperan una dirección clara. "No creo que haya todavía una dirección clara. Intentamos encontrarla, pero al menos intento trabajar y dar lo mejor con el equipo", comenta Fabio, que parece haber aceptado que este año será de transición.
Además de los problemas de motor y electrónica, Quartararo vigila su físico al milímetro. En una categoría donde cada gramo cuenta para ganar aceleración, el francés intenta mantenerse fino, aunque su genética no se lo pone fácil. Al igual que Jack Miller, Fabio ha hecho los deberes este invierno, aunque admite que tiene un límite físico que no puede traspasar.
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"¿Si he perdido peso? Un poquito. Siempre rondo los 71 kilos al final de la temporada y empiezo con unos 69 kilos. En invierno siempre pierdo un par de kilos porque entreno menos y piloto menos que durante el año", ha explicado el piloto. Para él, bajar de esa cifra es entrar en terreno peligroso para su salud debido a su complexión física. "Intento estar lo más en forma posible, pero tengo los huesos grandes y para mí es difícil bajar de los 69 kilos", ha zanjado.

