El tiempo de Aleix Espargaró en el shakedown de Sepang empieza a decir cosas muy serias sobre el estado real de Honda. El 1:57.173 que firmó el piloto de Granollers no solo fue el mejor registro del test, sino que, puesto en contexto, habría sido suficiente para salir cuarto en la parrilla del GP de Malasia de 2025. Es, además, varias décimas más rápido que el mejor tiempo de Joan Mir en aquella clasificación, en la que el piloto del equipo oficial Honda partió desde la séptima posición. Para un shakedown, y tratándose de Honda, el dato no es menor.
La comparación directa con una Q2 siempre tiene matices, pero sirve para medir hasta qué punto la RC213V ha cambiado. Durante los tres días de test en Sepang, Honda no solo fue rápida a una vuelta, sino consistente. Aleix lideró la tabla en más de una jornada y marcó el ritmo en un paddock en el que otras marcas también estaban trabajando a fondo. Lo más llamativo, sin embargo, no fue el crono aislado, sino la sensación de control y dirección que transmitía la moto.
Ese mensaje lo dejó claro el propio Aleix al cerrar el test, con una declaración que resume perfectamente el momento que atraviesa el proyecto de HRC: "Último test completado. Estoy muy orgulloso de todo el equipo de pruebas y del trabajo que hemos hecho. La mejora en los últimos 12 meses es clara, y puedo decir que la RC213V 2026 es la mejor MotoGP que he pilotado nunca. Enhorabuena a todos los ingenieros y a todo el equipo en Japón. Esto es solo el comienzo de la temporada, así que hay que mantener la calma, pero estoy seguro de que los pilotos Honda se lo van a pasar muy bien".
No es una frase vacía ni un mensaje de compromiso. El fichaje de Aleix Espargaró como probador ha tenido un impacto directo en el rumbo técnico de la moto. Honda ha aprovechado al máximo las concesiones del rango C, con libertad para seguir desarrollando el motor y probar soluciones hasta el inicio del campeonato en Tailandia. En Sepang han aparecido nuevas piezas aerodinámicas y, sobre todo, un chasis que parece haber devuelto a la RC213V algo fundamental que llevaba años perdido: previsibilidad.
En el paddock se comenta desde hace semanas que en Honda eran muy conscientes del riesgo de quedarse a un solo punto de perder esas concesiones al final de 2025. Aun así, los japoneses parecen haber trabajado con una hoja de ruta clara, sin depender de parches de última hora. El objetivo ya no es simplemente sobrevivir los domingos, sino reconstruir una base técnica sólida sobre la que los pilotos puedan empujar sin pelearse constantemente con la moto.
El contraste con la Honda de hace un año es evidente. No hay euforia desatada ni discursos grandilocuentes, pero sí una sensación de orden que no se veía desde hace tiempo. El llamado “efecto Aleix” no va de milagros inmediatos, sino de método, de poner coherencia donde antes había confusión. Y los tiempos, comparados directamente con una parrilla real de MotoGP, empiezan a respaldar ese discurso.
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Todavía es pronto para hablar de resultados en carrera o de podios, y en Honda insisten en mantener la calma. Pero cuando una vuelta de shakedown te coloca, por números, en segunda fila, y cuando el piloto que está guiando ese desarrollo afirma sin rodeos que es la mejor MotoGP que ha pilotado nunca, el mensaje empieza a ir más allá del optimismo. Honda no ha vuelto aún, pero por primera vez en mucho tiempo, parece saber exactamente hacia dónde va.

