Durante meses se dio por hecho que Andrea Iannone seguiría en el Mundial de Superbikes. Que, de una forma u otra, habría una Ducati esperándole en la parrilla de 2026. Hoy ya es evidente que aquello nunca fue real. El supuesto “equipo de Iannone” era un espejismo y Dorna ha terminado desmontándolo pieza a pieza.
El regreso del italiano en 2024 había sido, al menos sobre el papel, una historia de redención. Cuatro años fuera por sanción por dopaje y una vuelta competitiva: ocho podios y una victoria con el equipo Pata Go Eleven Ducati. Deportivamente, Iannone cumplió. El problema es que en Superbikes no basta con ir rápido si todo lo demás se descompone alrededor.
La relación con Go Eleven empezó a resquebrajarse pronto. Tensiones internas, exigencias constantes y un clima cada vez más irrespirable dentro del box. Hasta el punto de que en el equipo se planteó una decisión límite: o salía el piloto o salía el personal técnico. No hubo demasiadas dudas. Para 2026, la Ducati cliente ya tenía otro nombre encima de la mesa y el capítulo Iannone se daba por cerrado.
Aquí entra el punto clave que explica todo lo que vino después: Ducati nunca quiso a Andrea Iannone en su equipo oficial ni estuvo dispuesta a tratarlo como un piloto de fábrica, por mucho material y apoyo que recibiera en 2025. Para él, eso no fue suficiente. Durante meses se movió como si aún tuviera sitio asegurado, fantaseando con opciones que nunca llegaron a materializarse. Uno a uno, los fabricantes fueron cerrando sus alineaciones y, cuando el mercado se cerró, Iannone se quedó fuera.
Sin equipo, sin moto y sin estructura, apareció de forma sorprendente en la lista provisional de inscritos para el Mundial de Superbikes 2026. Lo hizo bajo el nombre de un nuevo equipo propio, Cainam Racing, “Maniac” escrito al revés. Un nombre llamativo para un proyecto que, sencillamente, no existía.
No había técnicos, ni jefe de equipo, ni mecánicos. No había acuerdo con Ducati ni pedido de una Panigale V4 R, según revela Speedweek. Ni siquiera dentro de la propia Ducati había constancia de que ese equipo fuese real. Lo único tangible era la solicitud de plaza enviada a Dorna y el pago de la inscripción correspondiente.
Durante semanas no hubo avances. Pasaron los meses y Andrea Iannone no dio señales de que el proyecto fuera a arrancar. Sin confirmaciones, sin estructura y sin moto, Dorna empezó a tirar del hilo. El resultado era evidente: aquel equipo no era más que una maniobra administrativa para mantenerse en la parrilla sin tener nada detrás.
La consecuencia ha sido directa. Dorna ha eliminado a Iannone de la lista de inscritos confirmados para 2026 al no recibir ninguna garantía de que su proyecto vaya a salir adelante. Tampoco estará en la primera cita del campeonato en Australia. El castillo de naipes se ha venido abajo antes incluso de empezar la temporada.
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El fondo del asunto es incómodo, pero claro: el “Ducati de Iannone” nunca existió. Fue una huida hacia delante cuando el mercado ya le había cerrado todas las puertas. En Superbikes, como en MotoGP, los nombres pesan, pero no sustituyen a una estructura real. Dorna lo ha dejado claro. Y, salvo giro improbable, la carrera de Andrea Iannone al más alto nivel acaba así, no por falta de talento, sino porque ya no había nada a lo que agarrarse.

