Durante años, el nombre de Ryan Wedding no decía absolutamente nada en el mundo de la moto. Y sin embargo, cuando las autoridades estadounidenses entraron en varios inmuebles vinculados a él en México y se toparon, como vimos hace unas semanas, con una colección valorada en unos 40 millones de dólares (incluidas nueve motos de MotoGP), la historia dejó de ser un simple caso policial para convertirse en algo mucho más incómodo y fascinante a partes iguales.
Wedding, exdeportista olímpico reconvertido en fugitivo internacional, llevaba más de una década escondido mientras, según la acusación, dirigía una red de narcotráfico a gran escala. Esta semana, su huida se ha terminado. Tras ser detenido en México, fue trasladado a Estados Unidos, donde se enfrenta a cargos por tráfico de drogas, blanqueo de capitales, asesinato y manipulación de testigos. La confirmación llegó directamente desde el Departamento de Justicia estadounidense.
Según la investigación, Wedding estaba en el radar del FBI por liderar una organización criminal capaz de introducir alrededor de 60 toneladas de cocaína al año en Los Ángeles, utilizando camiones procedentes de México. Un volumen que le valió acabar en la lista de los fugitivos más buscados del país. No es casualidad que desde dentro de la propia agencia se le comparara con figuras como Pablo Escobar o Joaquín El Chapo Guzmán, aunque su escala fuera menor.
El vínculo con el Cártel de Sinaloa es, de hecho, una de las claves del caso. Los investigadores creen que esa protección le permitió permanecer oculto en México durante años, moviéndose con relativa libertad mientras acumulaba un patrimonio tan llamativo como difícil de justificar. No solo motos: también se incautaron vehículos, obras de arte, drogas e incluso medallas olímpicas.
Y aquí es donde la historia se cruza de lleno con el motociclismo. Porque entre todo ese material aparecieron auténticas joyas de competición, prototipos de MotoGP que rara vez salen de los museos oficiales de las marcas o de los almacenes más inaccesibles del paddock. Máquinas diseñadas para correr al límite, no para dormir bajo llave en el garaje de un narcotraficante.
El inventario de lo incautado pone los pelos de punta a cualquier quemado de las dos ruedas. Entre el material recuperado han aparecido verdaderos unicornios de la competición. Destaca un lote de Ducati Desmosedici que incluye la GP18 de Jorge Lorenzo, una GP15 de Andrea Iannone y dos unidades pilotadas por Andrea Dovizioso (una GP14 y una GP19). Pero hay más historia bajo el polvo de esos almacenes.
Quizás lo más doloroso para el aficionado sea saber dónde han estado durmiendo tres unidades de la Ducati Desmosedici de la era 2011-2012, aquellas bestias indomables que pilotó Valentino Rossi durante su travesía por el desierto ducatista. Junto a las máquinas italianas ha aparecido también la Suter MMX2 con la que Marc Márquez conquistó su título de Moto2 en 2012, una pieza fundamental en la trayectoria del octocampeón.
Wedding no se limitaba a la era moderna de los cuatro tiempos. Su gusto por las clásicas de competición queda patente con el hallazgo de una Honda NS 500 del legendario Freddie Spencer. La lista se completa con otras máquinas como una exquisita Ducati Supermono, la mítica Honda RC30 y varias Kawasaki ZXR750 con especificaciones del AMA Superbikes, además de diversas Ducati de la saga 916/998.
Leer también: Las motos son cada vez más viejas en España, y te costaría adivinar cuántos años tienen
Ahora la pregunta ronda a las motos: ¿qué pasará con una de las colecciones privadas más impactantes que se recuerdan? Subastas, decomiso definitivo, devolución a fabricantes… Todo está sobre la mesa. Lo que está claro es que estas motos, silenciosas durante años, se han convertido sin quererlo en una de las pruebas más visibles de cómo el dinero del crimen organizado también ha encontrado refugio en el lado más exclusivo y obsesivo del motociclismo.

